domingo, abril 14, 2024
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Entre 2021 y 2024, el IESS ha llevado a cabo un total de 489 trasplantes

Imagen referencial. Fotos: IESS

Los programas de trasplante llevados a cabo por el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) a través de sus Hospitales de Especialidades están marcando una diferencia significativa en la vida de los pacientes y sus seres queridos.

Un testimonio revelador es el de Juan, un joven de 27 años cuya vida dio un giro positivo hace cuatro años gracias a un trasplante de riñón realizado en el Hospital de Especialidades Carlos Andrade Marín (HCAM).

Juan había enfrentado una batalla contra una enfermedad renal crónica que lo llevó a someterse a un largo tratamiento de diálisis. «Las diálisis limitaban mis actividades, pues debía pedir permisos por horas todos los martes y jueves. Gracias al IESS y al personal del HCAM, el trasplante me ha permitido desarrollar mi trabajo con normalidad», afirmó Juan.

El joven relata que la noticia de que necesitaba diálisis impactó a su familia, especialmente a su madre, quien se desmayó al enterarse. Sin embargo, sus padres se mantuvieron fuertes y brindaron un apoyo inquebrantable. «Nunca vi quebrarse a mis padres, siempre me dieron su mejor versión para que yo también diera lo mejor de mí en el tratamiento», compartió Juan.

Después de la exitosa operación de trasplante renal, Juan experimentó una transformación positiva en su vida. Ya no tuvo que someterse a las diálisis y pudo disfrutar de ocho días de vacaciones, su primer viaje después de un arduo proceso mientras estudiaba y se sometía a diálisis.

Juan fue paciente que se sometió a un trasplante. Asegura que mejoró su calidad de vida.

Entre 2021 y 2024, el IESS ha llevado a cabo un total de 489 trasplantes, incluyendo renales, de córnea, hepáticos y, más recientemente, de médula ósea.

Un operativo de trasplante implica la movilización de más de 50 personas, desde cirujanos y anestesiólogos hasta enfermeras, instrumentistas, banco de sangre, ambulancia y tecnólogos, entre otros. El esfuerzo colectivo destaca la importancia del trabajo en equipo para el éxito de estos procedimientos.

Juan también compartió las dificultades emocionales que enfrentó debido a problemas hormonales que inicialmente impidieron la cirugía. «Me decepcionaba, lloraba solo, no me gustaba que me vieran triste y decaído, quería demostrarles que estoy bien y tranquilo», expresó. Juan decidió tatuarse el brazo para tapar las marcas dejadas por las diálisis, considerándolas como heridas que duelen pero que también representan una nueva esperanza.

En cuanto a la relación con el personal médico del HCAM, Juan la describió como muy cercana. «Los veo como amigos, y cualquier duda que tengo, les escribo», destacó. (I)

Fuente: IESS

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