
En Ecuador, la gestión de los desechos menstruales ha pasado de ser un tema tabú a convertirse en una urgencia ambiental y de salud pública. Cada año, millones de toallas higiénicas y tampones terminan en los rellenos sanitarios o, en el peor de los casos, en los frágiles ecosistemas del país, tardando siglos en degradarse.
La magnitud del problema es geométrica. Si se toma como referencia una vida reproductiva promedio de 35 años, una sola mujer utiliza entre 17 y 20 toallas o tampones por ciclo. Esto se traduce en aproximadamente 9,000 unidades de desechos plásticos y químicos a lo largo de su vida.
En términos macroscópicos, estas cifras significan que por cada mil mujeres se generan 45 toneladas de basura que no puede ser reciclada. En un país como Ecuador, donde la gestión de residuos sólidos enfrenta desafíos estructurales, esta carga plástica agrava la crisis de contaminación en ríos y costas.
De acuerdo con el estudio publicado por WWF Ecuador, la contaminación plástica representa una de las mayores amenazas para la biodiversidad nacional. Los componentes de las toallas sanitarias, que incluyen polímeros derivados del petróleo, contribuyen directamente a la degradación de los hábitats marinos y terrestres, sumándose a los microplásticos que ya afectan la fauna silvestre.
El tiempo de degradación de estos productos es alarmante. Una sola toalla higiénica puede tardar hasta 500 años en descomponerse. Esto significa que los productos utilizados por las primeras generaciones que adoptaron estos artículos desechables aún permanecen intactos en algún vertedero o cuerpo de agua.
El riesgo sanitario tras el residuo
Durante la charla «Saber lo que quieres es tu naturaleza», Ruth Castañeda, médica ginecóloga, advirtió que el uso prolongado de productos desechables de baja calidad no es inocuo para la salud femenina. La especialista señaló que estos materiales pueden aumentar el riesgo de infecciones urogenitales.
En la charla, ofrecida en Quito -a propósito del Día de la Mujer-, la ginecóloga explicó que el uso de tampones por periodos excesivos puede generar flujo vaginal con mal olor y síntomas de vaginitis. «No dieron nunca con que la niña tenía un tampón y falleció… falleció de esto, síndrome de shock séptico por uso prolongado de tampón e infección secundaria por estafilococos», relató la especialista sobre los riesgos extremos de la falta de información.
Más allá de los casos críticos, la especialista destacó que la zona íntima posee un equilibrio delicado: «tenemos un microambiente que tenemos que respetar, porque es un microambiente que nos protege». El uso de productos con químicos y fragancias puede alterar este ecosistema natural.
La microbiota vaginal, compuesta principalmente por lactobacilos, protege la vagina manteniendo un pH óptimo de entre 3,8 y 4,5. «Manteniendo el pH vaginal ácido. Esto es lo más importante de lo que es nuestra salud íntima«, enfatizó Castañeda durante su intervención.
La transición hacia la copa menstrual
Ante este panorama, la copa menstrual surge como una alternativa de bajo impacto. Es un recipiente de silicona de grado farmacéutico que se inserta en la vagina para recolectar el sangrado en lugar de absorberlo. Su durabilidad es su mayor activo ecológico: una sola pieza puede durar hasta 10 años.
Castañeda subraya que, desde el punto de vista clínico, la copa de silicona no causa alteraciones en el epitelio vaginal ni cervical. Citando estudios de corte prospectivo realizados con participantes internacionales, indicó que el uso de la copa produjo una «disminución del riesgo de vaginosis bacteriana en un 35%».
Además de la salud y la ecología, la economía es un factor determinante. Según las proyecciones financieras presentadas, el costo de la copa mensual representa una inversión significativamente menor frente a los $620 que una mujer podría gastar en productos desechables en un periodo similar.
Guía para un cambio de hábito consciente
La transición a la copa menstrual requiere un proceso de aprendizaje. La Dra. Castañeda enfatiza que la talla depende de factores como la edad y los antecedentes obstétricos: «La talla va a depender de la edad de la paciente, de si ha tenido partos vaginales o partos por cesárea».
El mantenimiento del producto es riguroso para evitar la acumulación de patógenos: «Se puede higienizar la copa entre ciclo menstrual y ciclo menstrual hirviéndola durante 3 a 5 minutos». Durante el ciclo, es suficiente un lavado de manos con abundante agua y jabón antes de manipularla.
Es fundamental que las usuarias estén relajadas durante la colocación. Castañeda recomienda buscar una posición cómoda, como elevar una pierna o estar en cuclillas: «La práctica es lo que le va a dar porque no les voy a negar que al principio me costó… pero ya después me volví una experta».
Finalmente, este cambio de paradigma en la higiene femenina, abordado en el marco del Día de la Mujer, invita a una reflexión sobre la responsabilidad ambiental. Como se expone en investigaciones académicas sobre la gestión de residuos higiénicos, la adopción de tecnologías reutilizables es clave para mitigar la huella plástica en el país. Ser voceras de estas alternativas es un acto de solidaridad con la biodiversidad de Ecuador y con la salud de las futuras generaciones. (I)