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La exclusión educativa y el riesgo de violencia afectan a 450.000 adolescentes en Ecuador

Estudiantes participan en una dinámica de expresión visual durante el Summit Adolescencia 2026 en Quito, donde se analizó la importancia de los espacios seguros para el desarrollo juvenil. Fotos: Cortesía

El sistema social ecuatoriano enfrenta un desafío estructural tras revelarse que alrededor de 450.000 niños, niñas y adolescentes se encuentran actualmente fuera del sistema educativo nacional.

Esta cifra, que posiciona a la exclusión como una de las principales barreras para el desarrollo juvenil, fue uno de los ejes centrales analizados durante el Summit Adolescencia 2026, un encuentro multisectorial que buscó poner a las juventudes en el centro de la agenda pública para reivindicar sus derechos y visibilizar sus necesidades de participación.

El evento, que se llevó a cabo en Quito entre el 14 y 15 de mayo, se consolidó como un espacio para transformar la evidencia en acción frente a una realidad donde la falta de oportunidades educativas y laborales empuja a los jóvenes hacia entornos de vulnerabilidad.

Durante el encuentro, se presentaron los resultados de la encuesta “Mi ciudad y yo”, aplicada por la organización LAB-XXI en las localidades de Riobamba y Quevedo como parte del proyecto Alza Tu Voz.

Este estudio técnico recogió la percepción de los adolescentes sobre su entorno, revelando que el malestar en salud mental es una constante alarmante: en Riobamba, 7 de cada 10 jóvenes reportaron afectaciones emocionales, mientras que en Quevedo la cifra ascendió a 8 de cada 10.

Los datos evidenciaron que 2 de cada 5 adolescentes en estos territorios se sienten profundamente solos o desconectados de sus comunidades.

Katy Yubaillo, adolescente indígena de Alza Tu Voz Riobamba, durante una ponencia en donde expuso la realidad de los jóvenes dentro su comunidad.

Nadia Atala, CEO de LAB-XXI, destacó la urgencia de cambiar el enfoque con el que el Estado y la sociedad civil abordan estas problemáticas territoriales.

“El Summit confirma que Ecuador necesita mirar a la adolescencia como una prioridad nacional; no podemos seguir diseñando soluciones para adolescentes sin adolescentes, ni separar sus desafíos en cajas distintas”, afirmó la directiva durante su intervención.

Para Atala, la salud mental, la seguridad y la educación forman parte de una misma conversación sobre cómo construir entornos donde los jóvenes puedan proyectar una vida con propósito.

La seguridad se posicionó como otra preocupación crítica, dado que en la última década los homicidios pasaron de ser la décima causa de muerte a la primera entre la población adolescente en el país.

Actualmente, 1 de cada 7 muertes de menores de edad corresponde a un asesinato, un contexto de violencia que ha modificado la forma en que los jóvenes habitan sus ciudades.

Jostin Moreira, joven representante de Manta, compartió su testimonio sobre cómo la incertidumbre ha permeado su cotidianidad. “El contexto de violencia e incertidumbre ha cambiado la vida cotidiana, aumentando el miedo y afectando la forma de imaginar el futuro”, relató Moreira ante el foro.

La falta de empleo formal y la brecha digital limitan el futuro juvenil

El primer Summit de Adolescencia reunió a más de 300 representantes de la academia, organismos internacionales y sociedad civil para discutir una agenda pública urgente para el Ecuador.

En el ámbito laboral, el panorama presentado en el Summit reflejó una brecha de acceso significativa, pues solo 3 de cada 10 jóvenes en Ecuador logran acceder a un empleo adecuado con salario y condiciones formales.

Esta carencia de estabilidad económica se suma a una percepción de falta de apoyo, ya que el 50% de los adolescentes consultados manifestó que no cuenta con el respaldo necesario para actuar como agente de cambio en su localidad.

A pesar de esto, 4 de cada 10 jóvenes señalaron que su mayor aspiración y logro esperado es terminar sus estudios para romper el ciclo de pobreza.

La tecnología, aunque ha crecido en penetración alcanzando al 66% de la población en 2024, todavía muestra disparidades profundas entre lo urbano y lo rural.

Mientras 8 de cada 10 adolescentes en ciudades tienen acceso a internet, en el campo la cifra cae a solo 5 de cada 10, dejando a la mitad de los hogares rurales sin herramientas digitales básicas.

Frente a esto, el Summit concluyó que la participación activa de los jóvenes en paneles de decisión es vital para que las políticas públicas dejen de verlos como sujetos pasivos y empiecen a reconocerlos como actores creativos y capaces de transformar sus comunidades. (I)

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