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Nueve áreas temáticas resucitan la era de los dinosaurios en el Jardín Botánico

Los ensordecedores rugidos de imponentes bestias prehistóricas quiebran el silencio habitual del norte de Quito. En medio de los senderos de orquídeas y árboles nativos del Jardín Botánico, la exhibición «Jardín Jurásico» resucita un ecosistema de hace millones de años con animatrónicos hiperrealistas a escala real. La muestra sumerge a los visitantes en una fascinante aventura donde el misterio de la extinción y la evolución cobran vida a cada paso.

La expedición se convierte en un viaje sensorial que combina la adrenalina de Jurassic Park con el rigor científico de la paleontología. Niños y adultos caminan con cautela ante la presencia de criaturas de pieles frías y rugosas que parpadean, respiran y mueven sus colas en medio de la densa maleza.

El suspenso aumenta con las sombras que se proyectan entre los senderos, donde el crujido de las hojas secas hace temer el ataque inminente de un depredador oculto.

Un Tiranosaurio rex iluminado con luces rojas infundió terror y asombro en un grupo de visitantes durante el recorrido nocturno por el Jardín Botánico. Fotos: Cortesía

En este recorrido, el público retrocede en el tiempo para entender cómo dominaron el planeta estas fascinantes especies antes de la caída del asteroide que cambió la historia de la Tierra. Observar de cerca la inmensidad de estos seres ayuda a comprender la fragilidad de la vida y la importancia de conservar la biodiversidad actual.

La aventura familiar no solo busca sorprender con el tamaño de las réplicas, sino también sembrar una semilla de curiosidad científica en las nuevas generaciones.

Un carnívoro de garras intimidantes y un herbívoro de cuello largo recrearon una escena de acecho prehistórico en medio de la densa vegetación de La Carolina.

Para los niños, tener contacto con estos gigantes es una experiencia inolvidable que los conecta directamente con la ciencia. «Mi hijo no deja de hablar de los dientes del T-rex y quiere leer todo sobre los fósiles», comenta Lorena Andrade, una madre que asiste al recorrido nocturno junto a su familia. Los pequeños se maravillan al interactuar con las crías recién nacidas y al observar el imponente tamaño del Tiranosaurio rex de 14 metros.

Detrás de cada rugido y parpadeo existe un minucioso trabajo de ingeniería y arte de origen local. El Jardín Botánico muestra el enorme esfuerzo técnico para lograr el máximo realismo posible.

Sobre la muestra gigantesca

Una guía sostuvo una pequeña y detallada cría de dinosaurio para mostrar de cerca la textura de su piel y sus afilados dientes a los asistentes.

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