
Quito tendrá nueve pabellones temporales de arquitectura en plazas, parques y espacios públicos como parte de la XXV Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito. Las estructuras se inaugurarán entre el 23 y el 27 de noviembre y permanecerán, en principio, hasta inicios de marzo de 2027.
La propuesta, denominada “Prohibido no tocar”, busca sacar la arquitectura de auditorios y salas especializadas para llevarla a lugares de uso cotidiano. Los pabellones podrán recorrerse, tocarse y utilizarse por vecinos, familias, niños y visitantes.
Diego Ordóñez, presidente del Colegio de Arquitectos de Pichincha, explicó que la apuesta fue vincular la profesión con la ciudad y con sus problemas diarios. “Para nosotros es muy importante que haya ese contacto directo con la comunidad y que los arquitectos vayan y trabajen con la gente que está ahí”, señaló.
Daniela Loaiza, vicepresidenta del Colegio de Arquitectos de Pichincha y presidenta de la Bienal, dijo que esta edición quiso cambiar la forma en que el público se relaciona con la arquitectura. “Hemos decidido desbordar a la Bienal de los auditorios. Vamos a salir a la ciudad y vamos a permitir a la ciudad que toque la arquitectura”, afirmó.
El proyecto colocará cinco pabellones en el Centro Histórico y cuatro en el centro norte. Además de ser piezas de diseño, funcionarán como puntos de encuentro y como inicio de recorridos por barrios, espacios patrimoniales, oficios y sitios gastronómicos.
¿Dónde estarán los nueve pabellones?
| Pabellón | Ubicación | Autores o equipo | ¿Qué encontrará el visitante? |
| Kancha | Bulevar 24 de Mayo, sector de Benalcázar | Pierre Berrú Taller de Arquitectura | Un espacio inspirado en una cancha, pensado para permanecer, jugar, pintar y encontrarse |
| Clima en construcción | Bulevar 24 de Mayo | Natura Futura, José Gómez Marmolejo | Nebulización de agua, vegetación nativa y una experiencia relacionada con el clima |
| Vigilia, umbral de luz y rito colectivo | Atrio del Carmen Alto | LAMS Arquitectos, Luis Alberto Menéndez | Una estructura vinculada con la luz, las vigilias, la memoria y el encuentro |
| El Tacto de la memoria | Plaza de Santa Clara | Baquio Arquitectura | Recorrido con memoria, aromas, tacto e imágenes vinculadas con el sector |
| Por favor, pisar las jardineras | Plaza de San Marcos | Isaac Flores Trávez | Pasarelas sobre las jardineras para recorrer y observar la plaza desde otra altura |
| El agua está como un plato | Parque La Alameda | Álvaro González Serrano | Una estructura para acercarse al agua, sentarse, jugar y encontrarse |
| El Nido | Biblioteca Nacional Eugenio Espejo | Cristina Correa Freile | Un espacio pensado para leer, jugar, explorar y permanecer |
| Periscopio del Ejido, visor de lo Invisible | Parque El Ejido | Equipo de estudiantes de la Universidad San Francisco de Quito | Periscopios para mirar hitos y puntos de referencia de Quito |
| Síncope, pausa y movimiento | Plaza Gabriela Mistral | Equipo de estudiantes y docentes de la Universidad de Cuenca | Espacio para actividades del barrio, encuentros, movimiento y bailoterapia |
La ubicación de las nueve estructuras constó en la presentación del Colegio de Arquitectos, mientras que la identificación de los proyectos y sus autores fue contrastada con la información difundida sobre los ganadores de la Bienal.
Los barrios también participaron
Cada pabellón respondió a las condiciones del lugar donde será instalado y no a un modelo repetido para toda la ciudad. Esa diferencia permitió que los equipos trabajaran con vecinos, instituciones y actores de cada sector antes de cerrar los diseños.
Loaiza explicó que la mirada de las infancias atravesó la propuesta. Contó que una experiencia cotidiana con su hija le hizo pensar en una ciudad que muchas veces no considera la escala, la altura o las necesidades de los niños.
“Las infancias, siendo actores fundamentales de nuestras ciudades, no están siendo consideradas en el diseño, en la planificación y en la concepción de nuestras ciudades”, sostuvo. La Bienal planteó por eso espacios donde los niños puedan jugar, mirar, tocar, leer y moverse de otra manera.
En el bulevar de la 24 de Mayo se instalarán dos pabellones. La decisión buscó crear puntos de actividad en una zona que arrastra problemas de inseguridad, deterioro y pérdida de uso del espacio público.
Ordóñez señaló que la arquitectura puede contribuir a recuperar sectores que ya existen, en lugar de concentrarse únicamente en nuevas expansiones urbanas. “La arquitectura trabajando con la comunidad puede tener ese impacto para cambiar los lugares”, detalló.
Loaiza añadió que abrir actividad hacia la calle también puede aportar a la seguridad cotidiana. Su planteamiento fue sencillo: mientras más personas usan y observan un espacio, más posibilidades existen de que ese lugar mantenga vida comunitaria.
“Ahora nosotros estamos poniendo como este “pinchacito” en la ciudad, incentivando a que haya un mayor grado de protección del espacio público”, explicó. La idea no fue presentar a los pabellones como una solución aislada, sino como pequeñas activaciones que puedan probar nuevos usos.
Uno de esos espacios será ‘Kancha’, en la 24 de Mayo. El proyecto planteó piezas que conforman un lugar parecido a una cancha, con zonas que serán ocupadas y usadas por niños.
En el mismo bulevar estará ‘Clima’ en construcción, una propuesta que incorporará nebulización de agua y plantas nativas. La intención será generar un pequeño microclima y permitir que los visitantes conozcan las especies y experimenten el espacio con el cuerpo.
En el atrio del Carmen Alto se instalará ‘Vigilia’, umbral de luz y rito colectivo. El proyecto trabajó la idea de las velas de vigilia y se desarrolló también con participación de las madres del Carmen Alto.
La Plaza de Santa Clara recibirá ‘El Tacto de la Memoria’. El diseño tuvo ajustes por las condiciones del sector y fue trabajado con autores, vecinos y actores vinculados al barrio.
En San Marcos se construirá ‘Por favor, pisar las jardineras’. La propuesta utilizará pequeños puentes y recorridos sobre las jardineras para que niños y visitantes observen y atraviesen la plaza de una forma distinta.
El parque La Alameda tendrá ‘El agua está como un plato’. El pabellón incorporará agua como parte de la experiencia y debió considerar ajustes de seguridad para el uso de niños y familias.
La Biblioteca Nacional Eugenio Espejo será el lugar de ‘El Nido’. Loaiza lo describió como un espacio que podrá servir para leer, jugar, esperar a los niños o permanecer después de una visita a la biblioteca.
En el parque El Ejido se instalará ‘Periscopio del Ejido’, visor de lo Invisible, desarrollado por estudiantes de la Universidad San Francisco de Quito. Los periscopios permitirán dirigir la mirada hacia hitos y puntos de referencia de la ciudad.
La Plaza Gabriela Mistral acogerá ‘Síncope’, pausa y movimiento, desarrollado por un equipo de estudiantes y docentes de la Universidad de Cuenca. El espacio fue pensado para actividades barriales como bailoterapia, encuentros y acciones vinculadas con organizaciones de La Mariscal.
Una arquitectura que se usará
Loaiza contó que el proceso mostró niveles distintos de organización comunitaria. En algunos barrios las coordinaciones fueron rápidas y en otros los vecinos pidieron conocer cada paso del proyecto.
Ese involucramiento ya produjo nuevas ideas de uso. Según la presidenta de la Bienal, algunos barrios comenzaron a pensar en novenas, fiestas de Quito y otras actividades alrededor de los pabellones.
Los nueve proyectos se inaugurarán durante la semana de la Bienal, del 23 al 27 de noviembre. Las actividades de la mañana vinculadas con recorridos y pabellones serán gratuitas y estarán abiertas a la ciudadanía.
La agenda académica continuará en paralelo. Loaiza indicó que la organización trabajó con cerca de 35 panelistas nacionales e internacionales, además de arquitectos ecuatorianos vinculados con la arquitectura moderna.
La Bienal también programó exposiciones en espacios como las salas capitulares de Santo Domingo y San Agustín, la iglesia de La Compañía, el Museo de la Ciudad y la sede del Colegio de Arquitectos. Las charlas de mayor capacidad se previeron en el Teatro Capitol.
La Biblioteca Nacional Eugenio Espejo funcionará además como una de las sedes de esta edición. Ordóñez consideró simbólico llevar parte de la programación a un edificio cultural que, pese a su importancia, no siempre es conocido por todos los habitantes de la ciudad.
El plan no terminará al concluir la semana académica. Los pabellones seguirán instalados hasta inicios de marzo de 2027, con actividades organizadas por el Colegio de Arquitectos y por los propios barrios.
Después de ese plazo, el Municipio evaluará el estado de las estructuras y la forma en que fueron adoptadas por las comunidades. De acuerdo con Loaiza, existe la posibilidad de extender su permanencia o trasladarlas para darles una segunda vida.
La organización diseñó las piezas con esa posibilidad en mente. Algunas empresas que aportaron materiales ya expresaron interés en recibir después ciertos pabellones, aunque la prioridad planteada fue que puedan continuar en espacios públicos si las condiciones lo permiten.
Cerca de 40.000 dólares por estructura
Cada estructura costó alrededor de 40.000 dólares. El financiamiento y los materiales se gestionaron con empresas privadas, embajadas (Brasil España, Francia y Chile), academia, Municipio y otras instituciones.
Ordóñez destacó que varios aliados apoyaron el proyecto antes de conocer cuáles serían los diseños ganadores. Comparó ese proceso con apostar por una obra que todavía estaba “en planos”, porque el resultado del concurso llegó después de que parte de los apoyos ya estaba comprometida.
El concurso reunió propuestas de arquitectos nacionales, internacionales y estudiantes. Entre los ganadores hubo profesionales con trayectoria, equipos de otros países y jóvenes que tendrán la oportunidad de construir por primera vez un diseño propio.
Para Ordóñez, ese componente también acercó a los arquitectos a procesos que suelen quedar fuera del escritorio. Los autores debieron dialogar con comunidad, Municipio, empresas, instituciones y condiciones concretas del territorio.
“Toda la agenda y el diseño surge de las necesidades propias del barrio”, explicó. Por eso, añadió, un pabellón pensado para la 24 de Mayo no podía responder a las mismas condiciones que uno ubicado en la Plaza Gabriela Mistral.
El Colegio de Arquitectos planteó que el método pueda repetirse en otras zonas de Quito. La idea futura sería identificar nuevos lugares, lanzar concursos específicos y llevar estas intervenciones hacia sectores del norte y del sur.
Loaiza aclaró que no se trataría de copiar una misma estructura. La intención sería repetir el proceso de concurso, diagnóstico, participación y diseño para que cada nuevo pabellón responda a su propio barrio.
Una discusión sobre la ciudad que ya existe
El lanzamiento también coincidió con una discusión más amplia sobre el crecimiento de Quito. Los representantes del gremio señalaron que la ciudad se extendió hacia la periferia mientras varias áreas consolidadas perdieron habitantes, actividad o mantenimiento.
Ordóñez vinculó esa discusión con el tema de la vivienda como derecho, propuesto este año por la Unión Internacional de Arquitectos. Señaló que el problema no debe medirse solo por cuántas viviendas existen, sino también por su calidad y por la ciudad que se construye alrededor de ellas.
Loaiza consideró que Quito necesita volver a acercar la arquitectura, el urbanismo y la planificación. “Queremos acercarlas nuevamente”, dijo al referirse a la distancia que se produjo entre el diseño de edificios y la forma en que la ciudad siguió creciendo.
Por eso, la utilidad de los nueve pabellones irá más allá de mostrar diseños durante una Bienal. Servirán como una prueba visible de qué ocurre cuando un espacio recibe nuevos usos, cuando los vecinos participan y cuando la arquitectura se convierte en una experiencia cotidiana.
Para quienes quieran visitarlos, la clave será recordar dos fechas: del 23 al 27 de noviembre se desarrollará la semana principal de la Bienal y los pabellones permanecerán instalados hasta inicios de marzo. Durante ese periodo, Quito tendrá nueve puntos donde la consigna será exactamente la contraria a la de un museo tradicional: aquí se podrá tocar. (I)