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Galápagos cercada por plásticos y dispositivos pesqueros que amenazan su vida marina

Un especialista realiza labores de limpieza costera y recolección de macroplásticos en zonas rocosas remotas de las Islas Galápagos. Fotos: PNG

La contaminación plástica que alcanza las costas de Galápagos tiene varias caras: botellas, redes y otros residuos, junto con dispositivos agregadores de peces (DAP) que las corrientes llevan hasta la Reserva Marina. Dos documentos recientes describen la magnitud del problema y proponen más monitoreo, limpieza y coordinación para enfrentarlo.

La presión no se limita a lo que queda sobre la arena. Los DAP pueden enredar fauna, convertirse en basura marina y representar un riesgo para las embarcaciones. El reto es entender de dónde vienen, dónde se acumulan y cómo evitar que sigan ingresando.

Esa es la alerta que deja el Informe sobre el estado de conocimiento de los DAP a la deriva en la Reserva Marina de Galápagos, elaborado por la Dirección del Parque Nacional Galápagos (DPNG) y Galapagos Conservation Trust, con apoyo de organizaciones y equipos científicos; y del Plan para la reducción, mitigación y manejo de la contaminación marina por plásticos en las islas Galápagos. Son documentos con distintos periodos y métodos de recopilación, por lo que algunas cifras no coinciden.

El primer informe reúne datos de limpiezas costeras, entrevistas, encuestas, observaciones y estudios exploratorios. El plan, en cambio, organiza un diagnóstico más amplio de la contaminación plástica y propone acciones para reducirla.

Una corriente que también trae residuos

Los DAP son objetos flotantes utilizados por la pesca industrial para concentrar peces en mar abierto. Algunos llevan boyas satelitales y redes o cuerdas que cuelgan bajo la superficie. Aunque no se permite desplegarlos en la Reserva Marina de Galápagos, pueden entrar empujados por las corrientes.

El informe de la DPNG y Galapagos Conservation Trust registra 277 dispositivos entre 2016 y octubre de 2025. Solo 21 fueron encontrados con su boya satelital, una señal de lo difícil que resulta detectarlos cuando pierden el sistema de rastreo o llegan a la reserva.

El plan presenta otra cifra: al menos 287 DAP registrados entre 2018 y 2025. Como los documentos emplean periodos y recopilaciones diferentes, las cifras deben leerse por separado; no permiten establecer, por sí solas, cuántos dispositivos ingresaron en total.

Ambos documentos advierten que los registros podrían ser incompletos. Sin seguimiento permanente, un dispositivo puede pasar inadvertido en alta mar, quedar bajo el agua o llegar a una costa sin ser reportado.

Las ubicaciones recopiladas apuntan a una mayor presencia en las costas orientales del archipiélago. El patrón coincide con la hipótesis de que parte de los dispositivos llega desde aguas situadas al este y es arrastrada hacia la reserva.

Las corrientes no transportan únicamente DAP. También mueven plásticos desde el continente y desde actividades que ocurren en el mar. Por eso, una playa aislada puede recibir residuos que fueron descartados a cientos o miles de kilómetros.

El plan estima que más del 95 % de los residuos plásticos hallados en las costas tiene origen externo. También identifica fuentes continentales y marítimas, entre ellas los ríos y las actividades pesqueras. El recorrido de un residuo puede tomar meses antes de que aparezca entre las rocas o sobre la arena.

En el archipiélago se encuentran las corrientes de Humboldt, Cromwell y Panamá, además de los vientos y mareas que redistribuyen los desechos. La acumulación cambia según la estación y la exposición de cada costa.

El diagnóstico del plan identifica picos de acumulación en julio y agosto, y entre diciembre y enero. Estos periodos coinciden con cambios estacionales y con la influencia de fenómenos oceanográficos, incluido El Niño.

Las playas, entonces, funcionan como una suerte de registro visible de lo que ocurre lejos de ellas. Una botella o una boya varada cuentan parte de un trayecto, aunque no siempre revelan con exactitud quién la perdió ni dónde empezó su viaje.

Según el informe sobre DAP, en 2023 se capturaron más de 48.000 toneladas de atún con objetos flotantes en las aguas que rodean la Reserva Marina. El dato muestra la escala de la actividad pesquera asociada a estos dispositivos en una zona de alta importancia ecológica.

El mismo documento señala que, aunque el despliegue de DAP no está permitido dentro de la reserva, la actividad pesquera cercana y las corrientes pueden acercarlos a sus límites y llevarlos al interior. La frontera dibujada en un mapa no detiene el movimiento del océano.

La pesca artesanal sí está permitida en la reserva. Para quienes navegan en embarcaciones pequeñas, encontrar un objeto de perfil bajo sobre el agua puede convertirse en un peligro, sobre todo con poca luz.

Lo que queda en la costa y bajo el agua

Una botella de plástico desechada yace entre restos de madera y rocas volcánicas frente al océano, evidenciando el impacto de la contaminación marina en los ecosistemas costeros. Fotos: PNG

Desde 2017, la DPNG coordina el Programa de Limpieza Costera junto con Conservación Internacional Ecuador y otros aliados. El plan contabiliza, hasta 2025, 704 jornadas en nueve islas, 1.495 kilómetros recorridos y la participación de 7.327 voluntarios.

Ese esfuerzo permitió recolectar 107,48 toneladas de basura marina, según el corte incluido en el plan. El informe sobre DAP, con datos posteriores, indica que hasta julio de 2026 se habían recogido más de 112 toneladas. Son cifras de periodos distintos, no valores que deban sumarse.

En una jornada de limpieza, la tarea no termina cuando la basura sale de la playa. Cuando los equipos encuentran un DAP, registran su ubicación y procuran desmontarlo. El tamaño, el peso, las redes y los organismos adheridos pueden volver riesgosa su recuperación.

El informe documenta diferencias entre las costas: los datos disponibles muestran más dispositivos registrados en sectores orientales que occidentales. El patrón respalda la importancia de observar dónde se acumulan los plásticos y cómo cambian esas concentraciones.

Las limpiezas también ayudan a identificar qué residuos aparecen con mayor frecuencia. En un análisis citado por el plan, las botellas representaron el 99 % de los desechos identificables de una muestra; alrededor de un tercio eran botellas de agua.

El plan recoge estudios que identificaron 52 especies afectadas por enredos o ingestión de plástico, 20 de ellas endémicas. Entre las especies expuestas al enmallamiento se mencionan tortugas marinas, iguanas marinas, tiburones ballena y rayas.

Cuando cuerdas y redes se separan de un DAP, pueden seguir atrapando animales aunque el dispositivo ya no esté en uso. Esa forma de captura persistente se conoce como pesca fantasma y puede afectar a la fauna sin que haya una embarcación cerca.

El plástico expuesto al sol, las olas y la fricción se fragmenta. Las partículas pequeñas pueden dispersarse en el ambiente; el informe advierte que todavía falta estudiar mejor el impacto de los microplásticos y de los componentes electrónicos de las boyas.

Los dispositivos también pueden transportar organismos adheridos a su superficie. El plan señala el riesgo de que esas especies lleguen a ecosistemas sensibles y se dispersen en el archipiélago.

La pesca con objetos flotantes se relaciona, además, con la captura de especies que no son el objetivo. El informe sobre DAP menciona riesgos para tortugas, rayas y tiburones, y advierte que las redes pueden enredar animales o engancharse en arrecifes y rocas.

Una revisión citada por ese informe encontró que más del 90 % de las capturas asociadas a DAP correspondió a peces juveniles en las poblaciones estudiadas. Ese dato no describe por sí solo cada lance alrededor de Galápagos, pero ilustra una preocupación sobre el efecto de esta técnica en las poblaciones de atún.

El problema también tiene un costo para las comunidades. Un DAP semisumergido puede dañar cascos, hélices, motores y equipos de pesca; el plan estima que un incidente podría ocasionar pérdidas de hasta 4.000 dólares.

El informe recoge la preocupación por el sustento de los pescadores artesanales, que dependen de los recursos de la reserva. También indica que las encuestas revelaron percepciones diversas y conocimiento desigual sobre los efectos más amplios de los DAP.

Un plan de acciones y preguntas pendientes

Jornada de recolección de basura marina en terrenos volcánicos, parte de las acciones para la mitigación de la huella plástica». (Nota: En los textos originales de esta imagen se atribuye la fotografía como «Limpieza costera en sitios remotos. Fotos: PNG

Los documentos no se basan únicamente en observaciones de científicos. El informe sobre DAP incorpora talleres, datos de limpiezas, levantamientos con drones, encuestas a usuarios de la reserva y avistamientos reportados. El plan integra información recopilada entre 2017 y 2025, estudios de fauna y residuos, modelos oceanográficos, talleres técnicos y datos de ciencia ciudadana.

Ese conjunto permite dibujar una primera línea base, pero no resuelve todas las preguntas. Los propios documentos señalan límites en la disponibilidad de datos y la necesidad de estandarizar los registros para comparar periodos y lugares.

Para los DAP, el informe recomienda un programa de seguimiento a largo plazo, alertas tempranas y coordinación entre autoridades, organismos regionales y el sector pesquero. También plantea fortalecer las capacidades locales para registrar, retirar y gestionar los dispositivos encontrados.

El plan de plásticos establece tres prioridades: ampliar la investigación y el monitoreo; reducir el ingreso y los impactos mediante limpiezas y campañas; y fortalecer la gobernanza entre instituciones y actores sociales.

Una de sus líneas propone prevenir y minimizar el ingreso de DAP a la reserva, además de recuperar los que entren. La meta requiere coordinación pública y privada, protocolos de seguridad y una gestión adecuada de los residuos que quedan después de desmontar cada artefacto.

Otra línea busca mejorar las limpiezas costeras y la comunicación ambiental. La propuesta apunta a que las comunidades y quienes toman decisiones conozcan mejor las fuentes, los efectos y las formas de actuar frente a la contaminación.

El presupuesto estimado para ejecutar el plan es de 1,718.200 dólares. Con el aporte en especie previsto de la DPNG, valorado en 179.000 dólares, el total asciende a 1,897.200 dólares.

El documento presenta esas cifras como una estimación y sugiere fuentes como recursos propios, organizaciones no gubernamentales, cooperación bilateral y mecanismos innovadores. No las describe como fondos ya asegurados.

Las limpiezas retiran parte de los residuos que llegan a las costas, pero no detienen por sí solas lo que continúa entrando desde el mar. De ahí que ambos documentos insistan en sumar investigación, prevención, seguimiento y coordinación.

En Galápagos, cuidar el entorno marino también significa observar con atención lo que las corrientes dejan en una playa, registrar cada hallazgo y compartir datos entre quienes trabajan en el agua y en tierra. La conservación empieza con esa tarea concreta: conocer el problema para decidir cómo enfrentarlo. (I)

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