
“En Ecuador el talento nunca ha sido el problema; el verdadero desafío ha sido aprender a creer en lo nuestro y sostener a nuestros artistas más allá del aplauso momentáneo”. Con esa frase, Carolina Andrade, directora general de Uniarte, evalúa al entorno de los artistas nacionales en los tiempos contemporáneos.
El pasado 31 de marzo, en Guayaquil, se llevó a cabo la entrega del reconocimiento Valdivia Dorada. A partir de ese evento, en donde se reconoció a los mejores esfuerzos artísticos del país, Andrade señaló convencida de que el reconocimiento es un motor de supervivencia para el arte ecuatoriano.
“Estos no son reconocimientos para competir, son reconocimientos a una trayectoria que no compite con nadie”, afirmó, al analizar el sentido de este encuentro que reunió a la industria audiovisual del país.
La segunda edición de la Valdivia Dorada, efectuada en el Centro Cultural Olmedo, convocó a actores, directores, guionistas y creadores de distintas generaciones.
Pero para Andrade, lo esencial no estuvo en la ceremonia, sino en lo que representó. “Si tú no reconoces, no valoras y no impulsas, el artista deja de crear”, sostuvo.
La noche se desarrolló entre alfombra roja, luces cálidas y reencuentros, pero también como una reafirmación colectiva de que el audiovisual ecuatoriano sigue en pie.
En ese escenario, los reconocimientos dibujaron un mapa de la trayectoria artística nacional. En actuación femenina fueron distinguidas Lupe Machado, Martha Ontaneda, Juana Guarderas y Mélida Villavicencio.
Guarderas destacó no solo por su carrera actoral, sino por su rol como directora, dramaturga y gestora cultural. Su trabajo en teatro y televisión, muchas veces atravesado por el humor crítico, la convirtió en una figura clave para entender la evolución del arte escénico en Ecuador, además de su impulso a espacios independientes y colectivos teatrales.

Ontaneda, con más de cuatro décadas en el escenario, consolidó una presencia constante en el teatro nacional, mientras Villavicencio desarrolló una trayectoria que combinó televisión, cine y teatro con una fuerte conexión con el público.
En la categoría masculina, Eduardo “Mosquito” Mosquera, Isidro Murillo, Augusto Enríquez y Virgilio Valero representaron distintas etapas del audiovisual ecuatoriano.
Mosquera fue uno de los rostros más reconocibles de la televisión popular; Enríquez y Murillo aportaron desde el teatro y el cine; y Valero destacó por su versatilidad en producciones escénicas y audiovisuales.
El reconocimiento también alcanzó a Ernesto Landín, como guionista, y a Gustavo Valle, como director, por su aporte al desarrollo narrativo del cine ecuatoriano.
En la categoría Hito Audiovisual, Jorge Ulloa y Ana Cristina Barragán evidenciaron dos formas de proyección internacional. Ulloa, como creador de EnchufeTV, posicionó el humor ecuatoriano en plataformas digitales con alcance global.
Barragán, en cambio, llevó el cine ecuatoriano a festivales internacionales como el Festival de Cine de Locarno y el Festival de San Sebastián, donde sus obras fueron reconocidas por su mirada autoral y estética.
La gala cerró con un reconocimiento especial a Giovanna Andrade, tanto por su trayectoria como actriz como por su defensa activa de los derechos de los creadores.
Uno de los momentos más intensos llegó con el segmento In Memoriam. Allí se rindió homenaje a Patricia Naranjo, Luis “Lucho” Aguirre, Amparo Guillén y Mimo Cava.
Naranjo fue una figura vinculada al desarrollo cultural y televisivo; Aguirre dejó huella en la actuación y producción; Mimo Cava aportó desde el humor y la escena.
En el caso de Amparo Guillén, su legado fue especialmente significativo: actriz emblemática de la televisión ecuatoriana, recordada por su participación en la comedia “Mis adorables entenados”, donde construyó uno de los personajes más queridos del país, consolidando un estilo que conectó con generaciones enteras.
La tecnología de la mano con el talento
Para Andrade, ese momento sintetizó el sentido del evento. “El reconocimiento construye memoria y mantiene viva la industria”, expresó.
Más allá de los nombres, su análisis se centró en el presente y el futuro. La directora destacó que el audiovisual ecuatoriano ha cambiado con la tecnología.
“Ahora puedes hacer contenido para Netflix, para YouTube, para tus propias plataformas. El artista ya no depende de un solo espacio”, explicó.
Sin embargo, insistió en que el reto sigue siendo el mismo: sostener al artista. “El hecho de que te reconozcan, que te paguen, que valoren tu trabajo, hace que quieras seguir creando”, añadió.
Su diagnóstico fue directo. El talento ecuatoriano existe, pero necesita respaldo constante. “Tenemos grandes artistas, grandes intérpretes. Toditos ellos son nuestro reino”, dijo.

Uniarte y el desafío de construir industria
Detrás de la Valdivia Dorada está Uniarte, la Unión de Artistas y Autores Audiovisuales del Ecuador, una sociedad de gestión colectiva creada para defender los derechos de propiedad intelectual de los creadores.
La organización se consolidó en los últimos años como un actor clave dentro del sector, agrupando a cerca de 300 socios entre actores, guionistas, directores y otros profesionales del audiovisual.
“Somos una sociedad que defiende, recauda y distribuye los derechos de los artistas”, explicó Andrade.

Su función va más allá de la gestión económica. Uniarte desarrolla programas de bienestar social, capacitación y promoción artística. A través de talleres, impulsa la formación en guion, actuación y desarrollo emocional.
También organiza espacios como “Guionizarte”, donde los creadores fortalecen sus proyectos y generan redes de trabajo.
En paralelo, mantiene programas de apoyo para artistas en situaciones vulnerables, cubriendo necesidades de salud, maternidad o periodos sin actividad laboral, una realidad frecuente en el sector. “Nosotros cuidamos que el artista no se quede solo”, señaló Andrade.
La planificación de la Valdivia Dorada forma parte de ese trabajo estructural. Según explicó, el proceso de selección de los reconocidos puede tomar entre cuatro y seis meses, con la participación de comités especializados.
La gala, que se realiza cada dos años —la primera edición fue en 2024 en Quito—, ya proyecta su próxima entrega en 2028, con la intención de crecer y convocar a más artistas. “A mí me encantaría que todos tengan su reconocimiento. Ese es el sueño”, confesó.
Pero el crecimiento de la industria, advirtió, no depende solo de las instituciones. “Mientras más veamos lo nuestro, más vamos a crecer. El apoyo del público lo cambia todo”, afirmó.
Su reflexión final dejó una idea clara. “Tenemos todo para ser grandes. Los sueños se pueden cristalizar siempre que trabajemos en ellos”, concluyó. (I)


