
El equipo de búsqueda y rescate urbano USAR ECU-01 del Cuerpo de Bomberos de Quito retornó a Ecuador tras cumplir siete días de intensas labores humanitarias en Venezuela.
La delegación especializada estuvo compuesta por 46 bomberos técnicos que operaron en escenarios de alta complejidad estructural provocados por los terremotos del pasado 24 de junio, informó Esteban Cárdenas, Jefe de Bomberos de Quito, en una rueda de prensa.
Cárdenas informó que, al arribo del equipo, el contingente fue trasladado de forma inmediata al sector de Puembo. En este lugar, los rescatistas iniciaron una fase obligatoria de chequeos médicos ambulatorios y descargas emocionales con psicólogos institucionales antes de reencontrarse con sus familias.
Las operaciones del cuerpo de bomberos se concentraron en el sector de Macuto, en el estado La Guaira. En este punto costero, los rescatistas ecuatorianos lograron rescatar dos vidas de entre las toneladas de hormigón colapsado.

El primer logro del contingente fue la localización y extracción de Marlene, una de las sobrevivientes de la tragedia. La mujer, de 80 años de edad, quedó atrapada directamente en su cama debido al desplome de una pesada placa de losa que cayó sobre su habitación.
El subteniente Ángel, rescatista que lideró el contacto inicial, describió el momento desde una profunda perspectiva humana y emocional. El oficial relató que al abrirse paso entre el concreto le dijo su nombre y le aseguró que venían desde Ecuador para salvarla.
Pocas horas después, el equipo asumió el desafío de rescatar a Carlitos, un niño de 12 años, sepultado bajo los restos de un edificio residencial de nueve pisos que se derrumbó por completo. Las labores para llegar hasta el menor requirieron un esfuerzo extenuante que se prolongó por aproximadamente seis horas de operaciones continuas.
El capitán Danilo Mendoza fue el primer bombero en romper el aislamiento y tocar al menor, quien se hallaba atrapado a unos seis metros de profundidad bajo estructuras de concreto y madera en lo que solía ser la cocina. «La mejor impresión que tuve fue cuando pude cogerle la mano«, recordó Mendoza conmovido.
Al verse acompañado, el pequeño Carlitos reaccionó con un educado «buenas tardes» y de inmediato abrazó con fuerza al rescatista. «No me sueltes, no me abandones, ayúdame», suplicó el niño, mientras el equipo procedía a hidratarlo y monitorearlo médicamente antes de extraerlo para entregarlo a su tío.
Carolina Andrade, Secretaria General de Seguridad Ciudadana y Gestión de Riesgos del Distrito Metropolitano de Quito, intervino para destacar el orgullo institucional y los avances de la ciudad en materia de prevención.
Al inicio de la sesión, la funcionaria extendió un reconocimiento público al contingente y solicitó el respaldo de los asistentes:
«Quiero pedir un fuerte aplauso para nuestro cuerpo de bomberos de Quito, el reconocimiento y el orgullo de lo que esto significa para nuestro país. Un fuerte aplauso, por favor, para ellos».
Cooperación internacional y el eco histórico de Manabí 2016
La misión ecuatoriana no solo se limitó al rescate directo de sobrevivientes en estructuras colapsadas. El contingente asumió la responsabilidad de instalar y liderar la zona de recepción y despacho de las Naciones Unidas en el aeropuerto de Macuto, en Caracas.
El capitán Gabriel Rodríguez, líder del equipo USAR, detalló las responsabilidades asumidas en el terreno de operaciones. «Tuvimos la receptividad de poder manejar este centro de recepción de despacho durante los 7 días», explicó Rodríguez sobre la coordinación interinstitucional.
Desde esta célula de coordinación, los bomberos de Quito gestionaron el ingreso de 53 equipos internacionales clasificados. En total, registraron a más de 2000 rescatistas y cerca de 250 binomios caninos provenientes de países como Alemania, Italia, Suiza, Chile y Colombia.
Al concluir las operaciones, el gobierno de Venezuela ofreció una emotiva ceremonia de condecoración en el aeropuerto de Maiquetía. Los líderes de la misión recibieron las medallas «Héroe de Venezuela» y se rindieron honores a los estandartes institucionales.
Una distinción especial recibieron los perros rescatistas Hades y Furbo, cuyo olfato resultó determinante para salvar vidas. Al regresar a Quito, ambos canes entraron en una cuarentena protocolaria y bajo estricta revisión veterinaria para garantizar su salud tras trabajar en una zona de costa.
Este despliegue revistió un fuerte carácter simbólico para el Cuerpo de Bomberos de Quito. Las autoridades enfatizaron que esta asistencia técnica fue una oportunidad histórica para devolver la solidaridad que Ecuador recibió de la comunidad internacional durante el devastador terremoto de Manabí en el año 2016.
Emergencia humanitaria y daños milmillonarios en Venezuela
Mientras los equipos internacionales inician su desmovilización, las evaluaciones de la ONU revelan un panorama de desolación total. Los dos terremotos del pasado 24 de junio, de magnitudes 7,2 y 7,5, ocurrieron con apenas 39 segundos de diferencia y destruyeron la región centro-norte del país.
Una primera estimación de la ONU calcula los daños físicos directos en viviendas e infraestructura en 37.000 millones de dólares. La cifra incluye 24.000 millones por destrucción de edificaciones públicas y privadas, y 13.000 millones en redes de telecomunicaciones, carreteras y energía.
La escala de la tragedia se refleja en las calles, donde más de 11.500 personas damnificadas permanecen distribuidas en 46 espacios de alojamiento temporal. Familias enteras duermen en carpas improvisadas en estadios y plazas por temor a las réplicas y ante la imposibilidad de regresar a sus casas agrietadas.
A la par, el sistema de salud venezolano enfrenta una inminente crisis sanitaria por el colapso y saturación de los hospitales locales. Organismos como la OPS y la OMS advierten que el hacinamiento y la severa escasez de agua potable en los refugios amenazan con desatar graves brotes epidemiológicos en las próximas semanas.
Carolina de Jesús, directora de Project HOPE en Venezuela, describió la gravedad de la situación sanitaria en las comunidades afectadas. «La principal dificultad es que esta emergencia ocurre sobre una crisis humanitaria que ya existía», señaló la funcionaria en un correo electrónico enviado a CNN.
¿Por qué son tan largas y complicadas las labores?

Las autoridades aclararon que los equipos internacionales no realizan rescates superficiales; intervienen únicamente cuando la capacidad local ha sido sobrepasada y se requiere ingeniería avanzada. Las labores toman horas o incluso días —como el caso de un equipo chileno que tardó tres días en extraer a una sola persona— debido a los siguientes factores procedimentales:
- Cálculo estructural: Es obligatorio que ingenieros evalúen la estabilidad de los escombros para evitar colapsos secundarios provocados por las constantes réplicas.
- Penetración segura: Se realizan trabajos lentos y técnicos de descontaminación, apuntalamiento, corte de acero y perforación de hormigón armado para no aplastar los huecos de vida existentes.
- Sinergia tecnológica y canina: Primero intervienen los perros rescatistas para marcar el área general de presencia viva. Luego se usan escáneres y sondas capaces de detectar movimientos de la caja torácica, latidos del corazón y respiración a profundidades de hasta 30 metros, determinando el punto exacto de perforación.
Esta emergencia ratificó que los desastres naturales no respetan fronteras y que la cooperación global es la herramienta más poderosa para proteger a la humanidad.
El Comandante del Cuerpo de Bomberos de Quito se pronunció sobre el impacto técnico y humano de la misión. «Este proceso de clasificación y acreditación internacional ha servido y ha sido la prueba de fuego para que nuestro sistema de muestreo está al nivel de trabajar con cualquier equipo de mundo», afirmó la máxima autoridad institucional.
Hablar el mismo idioma técnico permitió que rescatistas de múltiples rincones del planeta unieran sus fuerzas de manera inmediata en las zonas de colapso. Esta sinergia demostró que el trabajo en equipo internacional trasciende las diferencias políticas o geográficas, convirtiéndose en un motor de esperanza y hermandad enfocado en la misión de salvar vidas. (I)


