
Un total de 63 millones de dólares en ventas concretaron pequeños y medianos agricultores a través de esquemas de negociación directa realizados a nivel nacional. La estrategia facilitó 9.428 transacciones comerciales que permitieron a alrededor de 280 mil productores colocar sus cosechas sin recurrir a terceros.
El volumen de operaciones se distribuyó a lo largo de 33 meses de gestión continua en el territorio. Este modelo buscó conectar la oferta agropecuaria local directamente con la demanda del sector industrial y de los grandes centros de abastecimiento.
La metodología aplicada consistió en eliminar las cadenas tradicionales de reventa para mejorar los ingresos del agro. Según explicó un vocero técnico del Ministerio de Desarrollo Económico y Productivo, «la articulación directa entre los campos de cultivo y el sector empresarial asegura precios más justos y transparentes para la producción nacional».
Los registros históricos muestran un crecimiento progresivo en la cantidad de acuerdos cerrados en el país. En el transcurso del primer año evaluado, los agricultores cerraron 2.302 vinculaciones comerciales que sumaron 21,9 millones de dólares.
La dinámica de comercialización se consolidó durante el siguiente periodo anual con una mayor participación campesina. Durante ese lapso se concretaron 3.287 acuerdos directos que representaron un monto total de 25,1 millones de dólares.
En los primeros nueve meses del último ciclo analizado, el volumen transado alcanzó los 16 millones de dólares. Dicha suma se alcanzó mediante la ejecución de 3.839 pequeñas y medianas operaciones en diversas provincias.
El despliegue operativo requirió la presencia constante de personal técnico especializado en las 24 provincias del país. Estos equipos se encargaron de mapear la oferta disponible en cada localidad para vincularla con compradores potenciales.
La intervención directa en el campo permitió atender las particularidades de cada zona agrícola. De acuerdo con un gestor comercial provincial, «el trabajo en territorio identifica la producción existente y facilita el contacto directo con la industria sin la interferencia de intermediarios».
El plan priorizó la comercialización de alimentos clave para la soberanía alimentaria y la economía rural. Entre los cultivos atendidos con mayor énfasis figuraron el maíz, el trigo, el café y el fréjol.
La estrategia buscó evitar la caída de precios ocasionada por el ingreso no planificado de grano importado. Sobre este punto, un analista de mercado del sector agropecuario señaló que «la prioridad debe centrarse en absorber la cosecha local antes de autorizar importaciones que perjudiquen al agricultor».
Para negociar grandes volúmenes de cosecha se organizaron encuentros mayoristas y ruedas de negocios en varias regiones. Dichas jornadas funcionaron como plataformas programadas donde compradores y vendedores fijaron condiciones claras de entrega.
El acceso a información actualizada sobre precios y demanda permitió a las comunidades planificar sus siembras. Con este tipo de mecanismos se busca estabilizar la comercialización agrícola y garantizar el abastecimiento de los mercados urbanos. (I)


