martes, marzo 16, 2021
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La cultura también está desmantelada

Pablo Salgado periodista y es escritor
Pablo Salgado* periodista y escritor

No hay sector público de la economía, la educación, la salud o la cultura que no haya sido desmantelado.

No hay institución pública que se haya librado de los permanentes despidos y recortes presupuestarios. Ni de la corrupción. Las consecuencias las vemos y, sobre todo, las sufrimos cada día.  

La pandemia no nos hizo mejores, como algunos, ingenuamente, pensaban cuando el mundo inició el confinamiento.  No, nos volvió más egoístas e individualistas.

Y el Gobierno Nacional en lugar de entender que los sistemas públicos de la salud, la educación y la cultura -entre otros- son bienes esenciales que se deben fortalecer, mas bien prosiguió con su plan de desmantelamiento y liquidación.

En el caso de la cultura y los patrimonios, lamentablemente sucede lo mismo; incumplimiento a la Ley Orgánica de Cultura, permanentes recortes y despidos; y presupuestos que han paralizado las actividades de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, al decir de sus autoridades.

Pero como si esto fuero poco, el Sistema de Rentas Internas, SRI, transformó, de la noche a la mañana, a los artistas y gestores que tienen RUC y deben emitir facturas, en microempresarios, por lo que deben pagar un impuesto del 2% de la facturación total.

Las autoridades culturales, que están para defender a los actores culturales, han guardado total silencio.

De ahí que, los colectivos culturales indignados y cansados de una gestión ineficiente y poco transparente han iniciado unas serie de acciones en el espacio público, como las del colectivo “Mafia disidente“, que con los cuerpos desnudos y con leyendas escritas en sus espadas, brazos y manos, se han pronunciado y denunciado la precariedad del sector.

Pero ¿por qué este nombre? El gestor Oscar Betancourt nos responde: El corazón de nosotros es la irreverencia, tan necesaria en estos tiempos, cuando la cultura ha quedado relegada a planos ocultos, mientras en otros países ha servido como una herramienta poderosa de transformación social.

“Nos llamamos Mafia porque es una organización que se opone a las normas establecidas, la cultura está manejada por esas mafias, la noción de disidencia es la oportunidad de salirse de esas prácticas. Poner el cuerpo, desclasificarnos como entidades corporales, y entender que a nosotros, como artistas, nos atraviesa de pies a cabeza y todos los días”.

Efectivamente, las intervenciones de ‘Mafia disidente’ en estos espacios -el SRI y la Casa de la Cultura- provocaron y rompieron el silencio:

“Estas acciones nacen de una identificación que nos une respecto a la grave crisis que vivimos los sectores culturales, crisis que arrastramos ya varios años, y que se agudizó con la pandemia. Estas acciones parten de esta materialidad, y atraviesa nuestros cuerpos”.

“En vista de eso generamos diversas acciones en el espacio público. Instituciones culturales silentes, enquistadas en un pensamiento acrónico.

Decidimos dejar de estar en silencio ya que pasamos de ser artistas precarios a empresarios; fue una sorpresa, ¿pagar para qué y con qué?, si nuestra característica es la informalidad y el pluriempleo.

¿Cómo así meternos la mano en el bolsillo vacío?. Frente a esto levantamos la voz: “No más silencio en la cultura”, afirma Katerine Enríquez.

Las elecciones para renovar los directorios de la Casa de la Cultura Ecuatoriana ya fueron convocadas. Y su Junta Plenaria aprobó un Reglamento, evidentemente ilegal e inconstitucional.

Las actuales autoridades de la Casa de la Cultura no solo han violado la ley y los derechos culturales, sino que han despreciado a los artistas y gestores.

No de otra manera puede entenderse que aprueben un artículo, el 129, en el cual para participar en el proceso electoral deben entrega una carta expresando su deseo de participar en las elecciones.

Y además, un requisito que solo se exige a los artistas registrados en el RUAC y no a los miembros de la Casa de la Cultura. Una disposición absolutamente discriminatoria y atentatoria a los derechos culturales:  

“A ese Reglamento le decimos que no, porque es atentatorio a los derechos de los artistas, es mañoso y tramposo, que tiene una intención detrás; hacer que estos personajes que están enquistados en la CCE sigan allí.

Es claro cómo aumentaron las membresías en la CCE; hay una intensión detrás. A este Reglamento no le creemos por discriminatorio, porque debemos pasar por un proceso de inscripción ilógico, ¿quién acepta esas cartas? ¿Quién acepta que eres o no apto para votar?,” dice indignada Enríquez.

Numerosos actores y colectivos han presentado también acciones de protección ante la Defensoría del Pueblo y ante jueces de la Corte Constitucional denunciado estas ilegalidades e inconstitucionales.

Como señala, desde Ibarra, la bailarina y coreógrafa Mariuxi Navarrete: “La violación de nuestros derechos ciudadanos es ya demasiado. Lo que pretenden es borrarnos del padrón. Por eso presentamos en la Defensoría del pueblo el pedido de una acción de protección para impugnar este Reglamento, que divide a los electores en dos clases: los que tenemos que presentar una carta y los que no. Esperemos que los jueces actúen en derecho y con celeridad”.

De otro lado, continúa la chatarrización, venta y entrega de los bienes patrimoniales del Sistema Ferroviario Nacional.

Como no alcanzaron a liquidar todos los bienes, el presidente Lenín Moreno extendió el plazo por otros 70 días. Así se termina con el Tren de Alfaro, el tren de la Unidad nacional.

Asimismo liquidaron los Correos Nacionales, empresa emblemática, creada en 1831, que ha prestado un gran servicio a los ecuatorianos y que guardaba invaluables bienes patrimoniales.

No son buenos tiempos para la culltura, como no lo son para el resto de sectores.

La mayor parte de los ecuatorianos sufre las consecuencias de este desmantelamiento de los servicios públicos, del deterioro económico, del desempleo y la falta de oportunidades.

Y por si fuera poco, sufre las consecuencias del pésimo manejo de la emergencia sanitaria, con contagios fuera de control, más de 44 mil muertos en exceso y el reparto de vacunas a los amigos y familiares del ex ministro.

La cultura y las expresiones artísticas podían ser, efectivamente, una herramienta para la salud mental y el bienestar interior; para fortalecer el ánimo, levantar el autoestima, provocar alegría y sanar los cuerpos agobiados y decaídos. Y para activar la economía, el turismo, el empleo. Pero no, la cultura también está desmantelada. (O).

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