
En Ecuador, más de la mitad de la cadena láctea se mueve fuera de controles formales y eso significa que millones de litros de leche circulan sin registros sanitarios, sin trazabilidad y sin control tributario. El dato fue presentado durante el evento “Panorama Económico de la Cadena Láctea”, organizado por el Centro de la Industria Láctea del Ecuador (CIL), donde economistas y especialistas expusieron una radiografía del sector en medio de una reducción del ganado, cambios en los hábitos de consumo y una creciente presión sobre productores e industrias.
La cifra que más preocupación generó durante el encuentro fue que el 54 % de la cadena láctea funciona dentro de la informalidad, porcentaje que incluso habría llegado al 57 % en 2025, según estimaciones presentadas por el Observatorio Lácteo del Ecuador. Esto significa que gran parte de la leche y derivados que llegan a las mesas ecuatorianas se comercializan sin cumplir estándares mínimos de calidad, etiquetado o control sanitario, una situación que, según los expertos, pone en desventaja a los productores formales y representa riesgos para los consumidores.
Andrés Rodríguez Estrada, director del Observatorio Lácteo del Ecuador y gerente general de Oikonomics Consultora Económica, explicó que el fenómeno no solo afecta a las industrias grandes, sino también al pequeño productor que intenta mantenerse dentro de la legalidad mientras compite con productos más baratos. “Fíjense cuántos de los productos que estamos consumiendo no están registrados dentro de un mercado formal, en el que no existe etiquetado, estándares de calidad ni trazabilidad del producto”, advirtió durante la exposición.
Rodríguez sostuvo que el problema se vuelve todavía más delicado porque la informalidad no se limita únicamente a la producción de leche, sino que atraviesa toda la cadena comercial, desde el transporte hasta la venta final. Según explicó, esto provoca distorsiones económicas, pérdidas tributarias y dificultades para diseñar políticas públicas reales porque buena parte de la actividad ni siquiera aparece en los registros oficiales. “Al no tener una información muy apegada a la realidad con respecto a lo que realmente pasa en la cadena, probablemente las políticas públicas no estén bien direccionadas”, señaló.
El informe presentado durante el evento reveló además que el país atraviesa una reducción sostenida del hato ganadero y de las vacas destinadas a la producción de leche. En 2025 desaparecieron 140.000 cabezas de ganado en comparación con el año anterior y también se registraron 62.000 vacas menos destinadas al ordeño, un comportamiento que, según los economistas, ya está impactando en la cantidad de leche producida a escala nacional.
La consecuencia más visible de esa reducción es que Ecuador produce menos leche que hace algunos años y el descenso comenzó a notarse con más fuerza después de la pandemia. Según las cifras expuestas, la producción nacional se redujo a 5,2 millones de litros diarios y mantiene una tendencia de caída promedio del 3,5 % anual, algo que preocupa porque la leche es uno de los alimentos básicos de la canasta familiar.
Durante su intervención, Rodríguez explicó que muchas fincas han comenzado a dejar la actividad lechera o han optado por orientar parte de sus animales a la producción de carne porque resulta más rentable. “Cada vez hay menos cabezas de ganado a nivel país y eso podría tener una influencia importante en la generación de leche”, señaló el economista mientras mostraba las estadísticas del último decenio.
El especialista también llamó la atención sobre lo que ocurre en provincias tradicionalmente lecheras como Cotopaxi, donde la producción cayó 21 % en un solo año, mientras Chimborazo también presentó retrocesos. Para los investigadores, el comportamiento demuestra que el problema ya no es aislado ni temporal, sino una tendencia que empieza a sentirse en distintas zonas productoras del país.
Aunque la productividad por vaca aumentó ligeramente y pasó de 6,8 a 7,2 litros diarios, Rodríguez explicó que eso no necesariamente significa que el sector se volvió más eficiente. El economista sostuvo que el indicador puede verse artificialmente elevado porque ahora existen menos animales y menos producción total, por lo que el promedio cambia aunque el problema estructural continúe.
“Nosotros no deberíamos quedarnos conformes con este valor porque también este tema de productividad puede ser por la caída propia de la producción”, señaló Rodríguez al comparar la situación ecuatoriana con la de países como Uruguay y Argentina, donde una sola vaca produce entre dos y tres veces más leche que en Ecuador.
Los hábitos influyen en el consumo de lácteos

La preocupación económica se mezcla además con cambios culturales y cotidianos que están modificando la relación de las familias ecuatorianas con los lácteos. Esa parte del análisis fue presentada por Iván Sierra, director general de Negocios & Estrategias, quien mostró los resultados de un estudio sobre favorabilidad y hábitos de consumo realizado para el CIL.
Sierra explicó que el consumo de leche ya no tiene el mismo lugar de hace décadas dentro de los hogares ecuatorianos y que muchas familias han comenzado a reducirlo por razones económicas, digestivas o culturales. “La leche es nostalgia, familia, calma y cariño, pero también genera dudas y rechazo por los problemas de lactosa”, explicó.
Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es que gran parte de los ecuatorianos sigue asociando la leche exclusivamente con la infancia. El 67 % de los encuestados considera que la leche es una bebida principalmente para niños y no para adultos, una percepción que termina afectando el consumo familiar.
El estudio incluso recogió frases cotidianas dichas por consumidores durante las entrevistas. “Compramos leche solo cuando viene de visita el niño” y “a veces toca elegir qué comprar y qué no comprar, y elegimos la leche del niño”, fueron algunos de los testimonios citados en el informe.
Iván Sierra explicó que detrás de esas frases existe una realidad económica y cultural que está transformando el mercado. “La leche no entusiasma, no motiva y no genera orgullo de consumo”, concluyó el estudio al analizar las emociones asociadas a este producto en Ecuador.
El informe también mostró que el consumo de leche se concentra casi exclusivamente en el desayuno y rara vez aparece en otros momentos del día. El 80 % de las personas encuestadas dijo consumir leche principalmente en la mañana, lo que limita aún más las posibilidades de crecimiento del mercado.
Para explicar esa tendencia, Sierra señaló que muchas personas dejaron de ver a la leche como un alimento integral y comenzaron a reemplazarla con otras bebidas o suplementos. Entre quienes redujeron su consumo, el 25 % dijo haber optado por bebidas vegetales como almendra, soya o arroz.
El estudio también reflejó que existe una percepción creciente de que las bebidas vegetales son más saludables, especialmente entre personas con molestias digestivas o intolerancia a la lactosa. Según la investigación, en América Latina hasta el 60 % de la población adulta podría desarrollar algún grado de intolerancia a la lactosa.
Frente a ese escenario, Sierra sostuvo que el mercado deberá adaptarse y avanzar hacia productos deslactosados y nuevas formas de consumo. “El mercado mundial busca la salida a través de productos deslactosados y eso parece ineludible”, señala una de las reflexiones del informe presentado durante el evento.
Pese a las dificultades, los productos lácteos todavía mantienen altos niveles de aceptación dentro de los hogares ecuatorianos y el queso aparece como uno de los productos mejor posicionados. El 83 % de los encuestados manifestó una percepción favorable hacia el queso y el 65 % aseguró haberlo consumido durante la misma semana de la encuesta.
El yogur también mantiene una alta valoración y registra un 82 % de favorabilidad entre los consumidores, especialmente porque muchas personas lo relacionan con digestión, bienestar y actividad física.
Sierra explicó que el yogur logró construir una imagen más moderna que la leche tradicional y por eso conecta mejor con consumidores jóvenes y adultos. El informe mostró que muchas personas lo asocian con deportistas, vida saludable y problemas digestivos, algo que no ocurre con la leche convencional.
Otro aspecto que preocupa al sector es el incremento de costos dentro de la cadena productiva y comercial. Durante el primer trimestre de 2026, el precio de la leche cruda aumentó 9 % frente al mismo período del año anterior y eso podría terminar trasladándose al consumidor final en los próximos meses.
Rodríguez explicó que el alza no depende únicamente de la producción lechera, sino también de factores externos como el transporte, combustibles y logística. “Si sigue incrementándose el precio del insumo principal, que es la leche, probablemente el precio de venta al público también tendería a incrementarse”, indicó durante su exposición.
Pese a ello, el mercado mantiene una fuerte competencia entre marcas y eso ha impedido que algunos productos suban bruscamente de precio. El economista señaló que varias industrias han optado por reducir gramajes o lanzar nuevas presentaciones para mantener precios accesibles en supermercados y tiendas.
En medio de este panorama, el encuentro organizado por el CIL reunió a representantes de la industria, economistas y medios de comunicación para analizar el futuro del sector lácteo ecuatoriano y sus desafíos más urgentes. La jornada se desarrolló en Quito en un momento marcado por la desaceleración productiva, la informalidad y los cambios en las costumbres de consumo dentro de los hogares ecuatorianos.
Durante la apertura del evento, Verónica Chávez Manjin, directora ejecutiva del CIL, señaló que la cadena láctea atraviesa problemas vinculados con competitividad, hábitos de consumo e informalidad, por lo que resulta fundamental generar información técnica y económica que ayude a comprender el comportamiento del sector. “El sector lácteo es muy relevante a nivel de empleo y desarrollo agroalimentario en el país”, afirmó durante el encuentro.
La directiva añadió que el objetivo del desayuno de prensa fue compartir información confiable y abrir espacios de análisis sobre las perspectivas del mercado lácteo ecuatoriano. Según indicó, el reto actual del sector consiste en sostener la producción nacional mientras cambian las costumbres de consumo y crece la competencia informal.
Uno de los principales anuncios realizados durante el evento fue el relanzamiento del Observatorio Lácteo del Ecuador, plataforma que estará a cargo de Oikonomics Consultora Económica y que buscará generar análisis permanentes sobre producción, precios, comercialización y consumo. Rodríguez explicó que la intención es convertir al observatorio en un espacio de consulta pública para empresas, universidades, instituciones y ciudadanía. (I)


