jueves, mayo 21, 2026
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El 44 % de las parteras y parteros carece de acreditación dentro del sistema de salud pública del país

Imagen referencial / Archivo

El acto de traer vida al mundo regresó a su esencia más pura y comunitaria en la provincia de Imbabura. Lejos de la frialdad de los quirófanos modernos y con el aroma a hierbas medicinales impregnado en el ambiente.

El programa provincial Warmi Imbabura presentó de forma oficial el libro y documental bilingüe “Pakarichiy hampikuna: Relatos de la partería y la salud ancestral”. El proyecto nació como un homenaje y un registro escrito de aquellos saberes que, por generaciones, resguardaron los nacimientos en los rincones más profundos de las comunidades.   

La creación de este compendio no fue un hecho aislado, sino que consolidó un camino iniciado tras el Primer Encuentro Internacional de Partería y Salud Ancestral en el año 2024. Aquella cita histórica congregó a 379 guardianes de la salud provenientes de 19 provincias del Ecuador.

A través de alianzas colectivas con organizaciones como el Consejo Indígena de Salud Ancestral Hampik Warmikuna y comités de mujeres de Otavalo y Cotacachi, se logró mapear el estado real de esta práctica en el territorio.   

El registro demográfico rompió ciertos mitos urbanos al demostrar la diversidad que sostiene este oficio. De las 98 personas identificadas en las labores de partería, el 88 % correspondió a mujeres, mientras que un significativo 12 % visibilizó la participación de hombres en el cuidado de la fertilidad y el parto.

La investigación reflejó que las manos que reciben la vida pertenecen a una amalgama cultural que abraza al pueblo Kichwa, a comunidades afroecuatorianas, a la nacionalidad Awá y a la población mestiza. 

Un abrazo comunitario que resiste al olvido institucional

Participantes durante la presentación del libro, en Quito. Foto: Cortesía

El eje central de la obra literaria y audiovisual demostró que la partería indígena y afrodescendiente excede el momento específico del alumbramiento. Los relatos recopilados definieron a la partera como una figura de acompañamiento constante. Su rol abarca desde la guía emocional hasta la sanación espiritual y corporal mediante el uso de la herbolaria nativa y los saberes energéticos. 

«Muchas mujeres de mi comunidad me han necesitado no solo para la partería, sino también para sanar, acompañar y cuidar», relató de forma conmovedora Zoila Congo, partera afroecuatoriana que heredó el oficio de su abuela y de la experiencia acumulada con los años. 

Esa visión de respeto hacia el cuerpo y las decisiones de las gestantes quedó plasmada en el testimonio de usuarias como Guissela Ichau, quien recordó la profunda diferencia de vivir un embarazo sintiéndose verdaderamente escuchada, cobijada y respetada por una partera comunitaria.

Esta calidez humana contrasta con una realidad nacional alarmante: de acuerdo con datos de la ENVIGMU 2019, el 48 % de las mujeres en Ecuador sufrió alguna vez violencia gineco-obstétrica, una cifra que se dispara de manera preocupante al 70 % cuando se trata de mujeres indígenas. 

A pesar de la riqueza cultural que representa este sistema médico comunitario, el evento también sirvió para exponer las grietas y vulnerabilidades que enfrenta la profesión.

Los datos recopilados por los equipos técnicos revelaron que el 44 % de las parteras y parteros carece de acreditación institucional dentro del sistema de salud pública del país. Asimismo, los expositores alertaron sobre las amenazas latentes de la discriminación por motivos de género, territorio y etnia, sumado al riesgo de perder estos conocimientos debido a la falta de un relevo generacional claro. 

Por esta razón, la presentación de la memoria escrita se vinculó directamente con demandas políticas generadas en espacios como el Primer Congreso Nacional de Partería Ancestral, donde se exigió un reconocimiento formal de estas prácticas dentro del sistema público de salud.

Durante el lanzamiento, la viceprefecta de Imbabura, Paolina Vercoutere Quinche, enfatizó la urgencia de revalorizar estas estructuras comunitarias.

La funcionaria explicó que reconocer la partería implica validar el trabajo de cuidado históricamente invisibilizado de las mujeres, abriendo paso hacia un modelo de salud mucho más humano, plurinacional e intercultural.

Desde la práctica diaria de Warmi Imbabura, este modelo reportó más de 5.500 atenciones en medicina ancestral entre los años 2024 y 2026. 

El proyecto impreso consta de una primera edición de 1.000 ejemplares físicos, los cuales comenzaron a distribuirse en centros comunitarios, bibliotecas institucionales y espacios académicos. De igual manera, con el fin de romper fronteras geográficas, el contenido se liberó en formato digital para el acceso de toda la población ecuatoriana.

El evento cerró con el anuncio de una agenda de difusión nacional que contempla próximas paradas y mesas de debate en las ciudades de Ibarra y Quito. “Pakarichiy hampikuna” quedó consagrado no como un archivo de nostalgia histórica, sino como un manifiesto vivo que defiende el derecho a nacer con dignidad, cuidado y profunda humanidad.  (I)

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