viernes, octubre 23, 2026
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Riccardo De La Cuesta revive el universo de Pink Floyd

El músico y productor ecuatoriano Riccardo de la Cuesta, líder de Anima Inside, en plena entrega vocal durante la caracterización de Pink, el atribulado personaje central de la célebre ópera rock. Fotos: Cortesía

El muro vuelve a levantarse en Quito, pero esta vez no será únicamente con guitarras, luces y canciones que marcaron la historia del rock. El músico y productor ecuatoriano Riccardo De La Cuesta prepara el regreso de Behind The Wall, una ópera rock inspirada en la célebre obra de Pink Floyd, con la que busca llevar al público más allá de un concierto y, al mismo tiempo, demostrar que en Ecuador se pueden crear espectáculos de gran formato.

La propuesta llegará al Teatro San Gabriel el próximo 5 de noviembre, a las 20h00, con una puesta en escena que combina música en vivo, actuación, imágenes, efectos visuales y escenografía. Detrás del proyecto está De La Cuesta, vocalista de la agrupación de Anima Inside.

En declaraciones a PERIODISMO PÚBLICO, De la Cuesta cuenta cómo ahora vuelve a poner en primer plano una faceta que ha cultivado durante años, la de productor y creador de espectáculos musicales.

La historia gira alrededor de Pink, el personaje de The Wall, cuya vida está marcada por las pérdidas, los conflictos familiares, la educación, las relaciones personales y el aislamiento. Cada experiencia se convierte en un ladrillo de un muro imaginario que termina separándolo del mundo, una metáfora que la obra lleva al escenario con imágenes, sonidos y momentos de gran carga emocional.

El espectáculo encuentra su inspiración en el álbum The Wall y en su adaptación cinematográfica de 1982, dirigida por Alan Parker. Aquella película, que mezcló música, actuación y animación para contar la historia de un hombre atrapado en sus propios conflictos, es el punto de partida de esta nueva interpretación escénica.

De La Cuesta explica que el montaje no pretende ser una simple sucesión de canciones conocidas, sino una historia que el espectador pueda seguir de principio a fin. «Más que un concierto, es toda una experiencia», afirma el artista, convencido de que la fuerza de Pink Floyd no se limita a una generación.

La producción reúne a unas 50 personas, entre músicos, técnicos, responsables de iluminación, sonido, animaciones y efectos. Sobre el escenario habrá más de 11 músicos y una estructura que incluye más de 30 metros cuadrados de pantallas LED, destinadas a envolver al público en el ambiente de la historia.

El montaje también contempla cambios de vestuario, diferentes momentos de actuación y una escenografía que acompaña el desarrollo del personaje. De La Cuesta sostiene que la música será interpretada principalmente en vivo, con un uso limitado de pistas grabadas, porque considera que la presencia de músicos reales es parte fundamental de la experiencia.

Nada queda librado al azar en este espectáculo, cuyo desarrollo exige que luces, imágenes, instrumentos y movimientos estén perfectamente coordinados. «No existe improvisación alguna de nada. No, todo está totalmente medido», explica al describir lo que denomina un espectáculo de guion.

Ese nivel de preparación representa uno de los principales desafíos para el productor, especialmente por la cantidad de personas y equipos que deben trabajar al mismo tiempo. «La parte de la coordinación desde la producción general pues es un reto importante», reconoce, aunque asegura que la experiencia acumulada en presentaciones anteriores ha permitido perfeccionar el montaje.

La obra también plantea un encuentro entre generaciones que crecieron escuchando los discos de Pink Floyd y jóvenes que conocen su música a través de las plataformas digitales. «La música pasa de generación en generación y pues creo que Pink Floyd sin duda alguna ha logrado eso y es que su música sea inmortal», sostiene el cantante.

Para De La Cuesta, la posibilidad de que padres e hijos compartan una misma función es uno de los atractivos de esta propuesta, que busca conectar con las emociones antes que con la edad de los asistentes. El productor asegura que ha observado reacciones similares entre espectadores jóvenes y adultos, una respuesta que interpreta como prueba de la vigencia de la música de la banda británica.

Behind The Wall ya se presentó en Cuenca el pasado 24 de septiembre y continuará su recorrido por Quito antes de llegar a Guayaquil, donde tiene prevista una función el 3 de diciembre. La producción está a cargo de Rock On Records y Sienso Experience, mientras que las entradas para la presentación capitalina se encuentran disponibles a través del sistema de venta del Teatro San Gabriel.

De los grandes escenarios a la creación de su propia ópera rock

Riccardo de la Cuesta junto a un talentoso ensamble de más de 11 músicos en escena interpretan los pasajes más dramáticos de la obra en un espectáculo multisensorial meticulosamente cronometrado.

La relación de Riccardo De La Cuesta con Pink Floyd comenzó mucho antes de que imaginara transformar sus canciones en un espectáculo teatral. Desde niño quedó marcado por la música de la agrupación británica y, con el paso de los años, encontró en su universo artístico una oportunidad para unir dos pasiones, el rock y el cine.

El primer intento de llevar esta historia al escenario surgió entre 2008 y 2009, cuando De La Cuesta tocaba con la banda Flashback y ya desarrollaba su carrera musical. Junto con varios compañeros decidió construir una adaptación de The Wall, una experiencia que recuerda por la respuesta del público y por el aprendizaje que significó trabajar en una producción distinta a un concierto tradicional.

En aquella primera etapa contó con el apoyo de músicos y colaboradores, entre ellos César Galarza, de Verde 70, quien participó en tareas de producción. El espectáculo tuvo tres funciones y después quedó guardado mientras De La Cuesta continuaba desarrollando su carrera con Anima Inside y sus composiciones.

La oportunidad de recuperar el proyecto llegó en 2021, cuando la empresa Top Shows le propuso volver a presentar la obra en Quito. El resultado fue una función con entradas agotadas en el Teatro Sucre y una transmisión por internet que también permitió comercializar accesos para seguir el espectáculo a distancia.

Desde entonces, la producción ha incorporado nuevos recursos y ajustes técnicos que buscan fortalecer su impacto visual y musical. «Me gustan los retos, me gusta también hacer cosas diferentes que me saquen un poco del confort», comenta De La Cuesta, quien considera que estos proyectos le permiten explorar otras formas de expresión artística.

Su interés por la actuación tampoco es reciente, pues asegura que siempre le ha atraído la posibilidad de interpretar personajes y contar historias desde el escenario. «Yo siempre he dicho que si no sería cantando, no sería músico, tal vez sería actor», recuerda al explicar por qué disfruta involucrarse en montajes que combinan música y teatro.

Ecuatoriano y con más de dos décadas de trayectoria, De La Cuesta ha construido su nombre como vocalista, compositor y productor al frente de Anima Inside. Su carrera lo ha llevado a participar en festivales como Masters of Rock y Rock and Shout en Ecuador, además de Hell and Heaven y Northside en México.

En ese recorrido ha compartido escenarios con figuras y agrupaciones internacionales como Deep Purple, Ozzy Osbourne, Mr. Big, KISS y Collective Soul. También ha formado parte de eventos en los que participaron bandas como Scorpions, Europe, Foreigner, Aerosmith e Incubus, experiencias que ampliaron su visión sobre la industria de los conciertos.

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Su trayectoria incluye, además, encuentros profesionales como NAMM Show, en Los Ángeles, y mercados musicales como SXSW, WOMEX, Circulart y BOmm. «Todos me han dejado una lección», dice cuando recuerda los conciertos y espacios de la industria que han influido en su manera de trabajar.

El músico también ha recibido tres reconocimientos consecutivos de la Sociedad de Autores y Compositores del Ecuador, SAYCE, como mejor autor y compositor de rock. A esos logros se suma un Disco de Oro por las ventas de Reflection, uno de los trabajos discográficos de Anima Inside.

Esa experiencia se refleja en su manera de concebir cada álbum y cada espectáculo, pues considera que una presentación debe tener una idea clara y no limitarse a colocar músicos sobre una tarima. En Reflection recurrió a espejos y elementos visuales, mientras que en Duality utilizó el contraste entre blanco y negro para representar los dos lados de la naturaleza humana.

En Alien, su trabajo también incorporó imágenes, vestuarios futuristas y mensajes relacionados con la situación ambiental del planeta. «Yo me involucro en todas las áreas y en todas las áreas que puedo, pues, o sea, que mis capacidades me permiten, las hago yo mismo», explica sobre una forma de trabajar que combina su participación artística con decisiones de producción.

Una crítica a los espectáculos que se ofrecen en Ecuador

El escenario del Teatro San Gabriel se transforma con un imponente despliegue visual de pantallas LED y juegos de luces que recrean la mítica estética de The Wall frente al público capitalino.

La experiencia acumulada frente al público y detrás del escenario ha convertido a De La Cuesta en un observador crítico de la industria del entretenimiento en Ecuador. Aunque reconoce que existe una oferta creciente de conciertos y propuestas musicales, considera que la cantidad de eventos no siempre está acompañada por una mejora en su calidad.

«Hay mucha oferta y eso también pues complica un poco las cosas», señala al referirse a una cartelera en la que diferentes espectáculos compiten por el mismo público. Su preocupación, sin embargo, no está únicamente en la competencia comercial, sino en lo que considera una falta de exigencia al momento de diseñar algunas producciones.

«Hay mucha oferta de evento malo», afirma sin rodeos al cuestionar espectáculos que, desde su perspectiva, no justifican las expectativas creadas entre los asistentes. También critica la práctica de trasladar una presentación concebida para un bar a un teatro sin mejorar su sonido, iluminación, montaje o propuesta artística.

«Creo que nos hemos acostumbrado a la mediocridad», expresa al comparar ciertas experiencias locales con las producciones que ha conocido fuera del país. Para el músico, ciudades como Madrid y Buenos Aires son referencias de una industria en la que los espectáculos musicales y teatrales se preparan con una atención especial a cada detalle.

Su cuestionamiento no busca, según aclara, señalar directamente a otros artistas o productores, sino abrir una discusión sobre las exigencias que deberían acompañar a la industria nacional. «Tenemos que ser mucho más autocríticos con nosotros mismos y tener mejor, mayor aspiración», sostiene al defender la necesidad de revisar los errores y elevar los estándares de producción.

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De La Cuesta reconoce que él mismo se equivoca y que su trabajo está sujeto a cambios constantes, una actitud que considera indispensable para cualquier artista. «Yo soy muy autocrítico. Me acuerdo de tratar de mejorar constantemente», asegura al explicar que cada presentación representa una oportunidad para corregir detalles.

Uno de los ejemplos que utiliza para explicar su postura tiene relación precisamente con los homenajes a Pink Floyd, una banda cuya música considera inseparable de su propuesta visual. Para él, organizar un tributo de esa magnitud sin respetar la identidad de la obra puede terminar convirtiéndose en una experiencia que no responde a lo que espera el público.

«Es una falta de respeto total, no solamente a la música, sino al concepto», afirma al imaginar una producción inspirada en los grandes conciertos de la agrupación británica, pero presentada con recursos escénicos que considera inadecuados. Su crítica alcanza incluso a detalles aparentemente secundarios, como las sillas, la ambientación o la manera en que se construye el espacio para los asistentes.

En su propia adaptación de The Wall, asegura que ha procurado respetar los momentos musicales más reconocibles de la obra original, sin renunciar a una interpretación personal. «No busco imitar a nadie», explica, aunque reconoce que existen pasajes, como el solo de guitarra de Comfortably Numb, cuya esencia considera fundamental conservar.

Esa combinación de respeto y creatividad marca su manera de trabajar, tanto cuando interpreta canciones ajenas como cuando desarrolla sus propias composiciones. «Trato de poner mi propia firma», señala al defender una identidad artística que no pretende copiar las voces o los movimientos de los integrantes de Pink Floyd.

El productor también cree que parte del problema está en reducir las decisiones de una producción a sus posibles ganancias económicas, dejando en segundo plano la experiencia del espectador. «No simplemente, bueno, que facture, con que gane, no me importa el show que doy», cuestiona al insistir en que la rentabilidad no debería ser el único criterio para organizar una presentación.

A pesar de sus críticas, De La Cuesta considera que Ecuador tiene posibilidades de fortalecer su industria musical y atraer mejores espectáculos, siempre que exista una planificación adecuada y mayor exigencia de los productores. «Si no lo voy a hacer así, prefiero no hacerlo», sentencia sobre su decisión de privilegiar la calidad antes que presentar una obra que no cumpla con sus propias expectativas.

Nuevos discos, otros escenarios y proyectos internacionales

Afiche oficial del musical Behind the Wall, programado para este próximo 5 de noviembre en las instalaciones del Teatro San Gabriel en Quito.

La mirada de De La Cuesta sobre el futuro de los conciertos también está atravesada por el avance de la inteligencia artificial y las nuevas formas de consumir música. «Creo firmemente que la música en vivo va a tener un despunte, tocada por humanos», asegura al anticipar que el contacto directo entre artistas y espectadores podría adquirir mayor valor frente al crecimiento de los contenidos generados por tecnología.

Mientras prepara la presentación de Behind The Wall en Quito, el músico mantiene abiertos otros proyectos que combinan composición, producción y nuevas experiencias escénicas. Uno de ellos es Circus Beat, un espectáculo conceptual que mezcla música electrónica vinculada al universo de Depeche Mode con danza aérea y elementos inspirados en el circo contemporáneo.

Su principal trabajo discográfico está concentrado actualmente en Anima Inside, agrupación para la que ha compuesto cerca de 20 canciones nuevas. «Tengo que definir un poco qué temas van a ir en este nuevo disco», explica, mientras confirma que algunas de las composiciones ya han comenzado a grabarse.

El cantante también adelanta que prepara nuevas presentaciones y una gira de Anima Inside para 2027, aunque todavía no ha detallado las fechas ni las ciudades. A estos planes se suma otro proyecto personal relacionado con la composición y la creación musical, cuyo contenido prefiere mantener por ahora en reserva.

En paralelo, Behind The Wall podría cruzar las fronteras ecuatorianas, pues sus productores estudian la posibilidad de llevar la obra a otros mercados de América Latina. «Hemos pensado, sí, en Colombia, México», comenta De La Cuesta, quien considera que la propuesta tiene potencial para llegar a nuevos públicos y seguir creciendo.

Por ahora, su atención está puesta en el muro que volverá a levantarse en el escenario quiteño, donde las guitarras, las imágenes y la historia de Pink buscarán despertar emociones entre los asistentes. «Me gusta mucho el contacto con la gente después del show y ver su impresión», confiesa el artista, convencido de que la respuesta del público sigue siendo una de las mayores recompensas para quien decide crear música y convertirla en espectáculo. (I)

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