viernes, septiembre 18, 2026
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‘Quito, gracias por recibirnos como en casa’, Andrés Cepeda convirtió el Rumiñahui en un gran coro de amor

Andrés Cepeda contempló al público quiteño mientras el Coliseo General Rumiñahui se iluminó con las voces de sus seguidores, que corearon sus canciones durante la presentación. Fotos: Top Shows

La espera tuvo recompensa. La noche de ayer, jueves 17 de septiembre, el Coliseo General Rumiñahui dejó de ser solo un escenario para convertirse en un enorme coro que cantó historias de amor, despedidas y reencuentros junto a Andrés Cepeda.

Desde cancha hasta las localidades más altas, un público -en su mayoría femenino- respondió con gritos apenas reconocía los primeros acordes de cada canción. Hubo melodías cantadas a todo pulmón, celulares en alto, abrazos entre parejas y esa nostalgia que aparece cuando una armonía parece haber acompañado toda una vida.

Cepeda llegó a Quito con más de tres décadas de carrera y un presente que todavía suma reconocimientos. Su registro oficial en los Latin Grammy contabiliza cinco premios y 16 nominaciones hasta la edición 26, en la que Bogotá obtuvo el galardón a Mejor Álbum Pop Tradicional.

Solo cuatro días antes de su cita ecuatoriana había cantado en el Parque Simón Bolívar de Bogotá, con un repertorio que ya anticipaba buena parte de la carga emocional que traería a Ecuador.

Para los seguidores ecuatorianos, además, la noche tuvo el sabor de una cita largamente aplazada. Los conciertos originalmente previstos para abril fueron trasladados a septiembre debido al toque de queda que entonces regía en cuatro provincias, entre ellas Guayas, en el contexto de un estado de excepción.

Quito y Cuenca no estaban sometidas a aquella restricción, pero la gira nacional fue reprogramada en conjunto y las entradas adquiridas conservaron su validez. Cinco meses después, la sensación entre el público fue sencilla: había valido la pena esperar.

Rodrigo Heredia, de 32 años, viajó desde Ibarra exclusivamente para asistir al concierto. Tuvo que pedir permiso en su trabajo y organizar el viaje con anticipación, pero al terminar el espectáculo aseguró que el esfuerzo había valido la pena. La postergación había extendido todavía más la expectativa y, cuando finalmente escuchó a Cepeda en vivo, sintió que el viaje tuvo recompensa.

Entre quienes también cargaban con la frustración de la fecha aplazada estaba Jorge Huerta, de 42 años, quien llegó desde Tumbaco. Recordó que recibió con tristeza la noticia de la postergación del concierto, porque ya esperaba encontrarse con las canciones que lo habían acompañado durante años. Esta vez salió del Coliseo General Rumiñahui con una sensación completamente distinta: después de cantar, aplaudir y recorrer el repertorio de Cepeda, dijo que podía regresar a casa en paz.

El Rumiñahui se volvió un coro de amor

Andrés Cepeda se sentó frente al piano para interpretar algunos de sus temas más emotivos, en una noche marcada por la cercanía y la complicidad con el público quiteño.

La organización consiguió que el espectáculo avanzara sin que los meses de incertidumbre pesaran sobre la noche. Una vez encendidas las luces del escenario, la banda y la voz del colombiano hicieron el resto.

Cepeda no necesitó artificios excesivos: su principal herramienta fue un catálogo conocido por varias generaciones y esa forma pausada de interpretar en la que cada verso parece dirigirse a alguien concreto entre miles de personas.

El fenómeno se repetía canción tras canción. Bastaban unas notas para que desde las primeras filas aparecieran los gritos, especialmente entre las mujeres, y segundos después el resto del coliseo completara la letra.

 En algunos momentos la voz del público fue tan fuerte como la que llegaba desde el escenario. Cepeda parecía dirigir un karaoke multitudinario en el que prácticamente nadie necesitaba mirar una pantalla para recordar lo que seguía.

El repertorio anunciado para Ecuador había prometido algunos de sus temas esenciales: “Besos Usados”, “Lo Mejor Que Hay en Mi Vida”, “Día Tras Día”, “Te Voy a Amar”, “Por el Resto de Mi Vida”, “Déjame Ir” y “El Equivocado”. Eran canciones escogidas precisamente para explicar el concepto de Nuestra Vida en Canciones: recorrer distintas etapas de su trayectoria utilizando la memoria sentimental del público como hilo conductor.

Ese cancionero coincide con el que Cepeda ha utilizado en sus presentaciones recientes de 2026. A esas piezas se han sumado habitualmente “El café”, “Enfermedad de ti”, “Desesperado”, “Tengo ganas”, “Un ratito”, “Embrujo”, “Cariñito” y “Piel canela”, entre otras.

En Quito, “Tengo ganas” dejó una de las imágenes que mejor resumió el concierto. La canción se levantó sobre miles de voces y terminó convertida en un coro colectivo. El propio material difundido después del espectáculo describió a una capital que todavía seguía “cantando a todo pulmón”, una expresión que no resultó exagerada para quienes estuvieron dentro del Rumiñahui.

Y si el concierto hablaba de amor, la realidad decidió competir con las canciones. En la zona de cancha, un joven convirtió su asiento en escenario y le pidió matrimonio a su pareja. El “sí” provocó aplausos y gritos a su alrededor, antes de que Cepeda se sumara a la celebración con una felicitación desde el escenario. Las publicaciones posteriores al concierto registraron incluso varias pedidas de mano durante la velada, aunque en las fuentes públicas revisadas no aparecieron de manera verificable los nombres de la pareja ubicada en cancha.

La escena parecía escrita para un concierto suyo. Cepeda había dicho antes de llegar al país que esta era una función para asistir muy bien acompañado y enamorado. Quito terminó llevando aquella invitación mucho más lejos: hubo parejas abrazadas, otras grabándose mientras cantaban y, al menos en un rincón de la cancha, dos personas que salieron del coliseo con planes de boda.

La presencia ecuatoriana también tuvo brillo propio. Sergio Sacoto encontró junto a Cepeda un terreno natural para el bolero y la canción romántica. Meses antes ambos habían grabado una nueva versión de “Dicen”, composición de Sacoto popularizada originalmente por Pamela Cortés y recuperada ahora con la intención de devolverla a su esencia de bolero. La alianza hizo que su encuentro en el escenario ecuatoriano tuviera historia previa y no pareciera una colaboración armada únicamente para la gira.

Cepeda compartió escenario con el músico ecuatoriano Sergio Sacoto, en uno de los encuentros especiales que dejó su concierto en el Coliseo General Rumiñahui.

Tercer Mundo puso la otra cuota local. La agrupación llevó su experiencia, su sonido pop-rock y su propio repertorio a una noche diseñada para cruzar generaciones. Su presencia tampoco fue anecdótica: los hermanos Jácome habían sido anunciados como invitados para Quito, Guayaquil y Cuenca, y Felipe Jácome definió la oportunidad de compartir la gira con Cepeda como un nuevo hito para una banda que acumula 38 años de historia.

Así, Sacoto y Tercer Mundo no aparecieron simplemente como nombres encargados de completar una cartelera. Sus intervenciones dieron al espectáculo una identidad ecuatoriana y abrieron espacio para un intercambio musical con el colombiano.

Hubo reconocimiento inmediato del público y una celebración especial cuando las voces y músicos nacionales se encontraron con Cepeda en un escenario que, por momentos, tuvo más apariencia de reunión entre amigos que de una gira internacional cuidadosamente estructurada.

Todo ocurrió mientras Cepeda atraviesa otra renovación artística. Nuestra Vida en Canciones mira hacia sus más de 30 años de trayectoria, pero el colombiano ya tiene un pie en su siguiente capítulo con Andrés Cepeda Big Band 2, su más reciente proyecto. Esa capacidad para volver sobre canciones antiguas sin permanecer detenido en ellas explica parte de la vigencia de un artista que hizo de la balada, el bolero y el pop un lenguaje reconocible incluso antes de pronunciar la primera palabra.

Humo afuera, música adentro y seguridad sin sobresaltos

Fuera del Coliseo General Rumiñahui, sin embargo, Quito vivía una jornada muy distinta. En los alrededores se percibía olor a humo y el aire recordaba que, mientras miles de personas se preparaban para cantar, distintos sectores de la capital combatían incendios forestales. La situación generó inquietud, pero no impidió el desarrollo del espectáculo.

No era una percepción aislada. El Municipio reportó nueve incendios forestales en el Distrito Metropolitano durante el 17 de septiembre. Entre los puntos atendidos estuvieron La Vicentina-Itchimbía, Casitagua, Villaflora, Mercado Mayorista, Tolontag, Chiriboga, Alangasí, La Bota, El Quinche y Jatubamba. Para enfrentar las emergencias, Bomberos informó del despliegue aproximado de 220 efectivos operativos, además de personal para gestión de crisis y decenas de vehículos.

Dentro y en los accesos al coliseo, el personal de seguridad se mantuvo atento a evitar inconvenientes y a ordenar el movimiento de los asistentes. No se registraron situaciones que alteraran el curso del concierto y la función avanzó con normalidad, mientras fuera del recinto continuaba el trabajo de los equipos de emergencia frente a los incendios.

Para Ana María Villamar, de 29 años, la jornada empezó varias horas antes de que se encendieran las luces del escenario. Llegó desde Turubamba junto a su hermana Rosa y ambas hicieron fila desde las 17:00. La decisión de salir temprano no respondió únicamente a las ganas de encontrar un buen lugar: les preocupaba que los incendios forestales que afectaban distintos sectores de Quito provocaran cierres viales y complicaran su llegada al coliseo.

El temor quedó atrás una vez dentro. Ana María y Rosa se sumaron a los gritos que aparecían con los primeros acordes y al coro multitudinario que acompañó las canciones más conocidas. Como ellas, cientos de asistentes llegaron con historias distintas, desde diferentes sectores de Quito e incluso desde otras provincias, pero terminaron compartiendo la misma escena: celulares levantados, abrazos, canciones cantadas de memoria y la sensación de que los meses adicionales de espera habían quedado saldados en una sola noche.

Guayaquil adelanta la cita y Cuenca prepara el cierre

Cepeda compartió escena con uno de sus guitarristas durante el concierto en Quito, en una presentación marcada por la fuerza de la música en vivo y la conexión con el público.

El descanso será breve. Este viernes 18 de septiembre, Guayaquil recibirá a Cepeda en el Coliseo Voltaire Paladines Polo, pero con una modificación importante: el concierto, anunciado inicialmente para las 20:00, comenzará a las 19:00.

El cronograma fue adelantado y está previsto que el espectáculo termine alrededor de las 22:30 para facilitar la salida de los asistentes antes de la restricción nocturna.

El cambio respondió al nuevo escenario de seguridad. El presidente Daniel Noboa expidió el 15 de septiembre el Decreto 498, que estableció un estado de excepción de 60 días en ocho provincias, entre ellas Pichincha y Guayas.

Adicionalmente, el toque de queda rige en Guayas, Manabí, Los Ríos y El Oro, entre las 00:00 y las 05:00 hasta el 30 de septiembre. Los conciertos pueden realizarse, pero las productoras modificaron horarios para permitir que el público regrese a casa antes de la restricción.

Después será el turno de Cuenca. El sábado 19 de septiembre, el Coliseo Jefferson Pérez recibirá la última escala ecuatoriana de Nuestra Vida en Canciones. La presentación está anunciada para las 20:00 y volverá a contar con Sergio Sacoto y Tercer Mundo. Allí se cerrará un recorrido nacional que empezó en Quito y que forma parte, además, de la etapa final de una gira construida para repasar más de tres décadas de música.

Luego de Ecuador, el calendario actualmente publicado de Cepeda ya mira mucho más lejos. Su agenda verificada lo ubica en Australia durante noviembre con Bogotá: La Gira: Brisbane el 4, Sídney el 5 y Melbourne el 6. El cierre de Nuestra Vida en Canciones dará así paso a otra etapa para un artista que llegó a Ecuador procedente de Bogotá y que continuará llevando su repertorio al otro lado del mundo.

Antes de partir de Quito, sin embargo, Cepeda dejó una frase mucho más sencilla que cualquier balance de premios o giras: “Quito gracias por recibirnos como en casa”. Luego confirmó el rumbo inmediato: Guayaquil y Cuenca. El mensaje acompañó las imágenes de una noche en la que el Rumiñahui respondió con la misma familiaridad, como si buena parte de aquellas canciones colombianas llevaran años viviendo también en Ecuador.

Cuando se apagaron las luces, quedaron gargantas cansadas, videos en los teléfonos, una futura boda nacida en cancha y canciones todavía repitiéndose camino a casa. Andrés Cepeda había llegado después de cinco meses de espera y salió de Quito con una bienvenida capaz de confirmar el nombre de su propia gira: durante unas horas, en el Coliseo General Rumiñahui, su vida en canciones también fue la vida en canciones de miles de ecuatorianos. (I)

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