miércoles, septiembre 22, 2021
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De ferias, libros y premios

                   

Pablo Salgado periodista y es escritor

Por Pablo Salgado J. (Escritor y Periodista)

“Me emocionó  ver en la Feria del Libro de Guayaquil que todos los actos en los que participó la escritora guayaquileña Mónica Ojeda fueron masivos, y ver cómo el público le solicitaba una firma en sus libros,” me dice Andrés Cadena, escritor quiteño ganador del Premio Donoso Pareja 2020. Y es cierto, emociona. De ahí que La FIL de Guayaquil marcó el reencuentro de los escritores con sus lectores.

A la FIL de Guayaquil asistieron 25 mil 645 personas. Un gran número si tomamos en cuenta que fue con aforo reducido y en modo presencial y virtual.  Pero quizá lo más importante de la feria es el entusiasmo de los lectores por volver a un espacio con libros. Y, a los tiempos, escuchar a los narradores, a los poetas, a los editores. Y conocer a los escritores internacionales invitados. Y, por supuesto, comprar libros de sus autores preferidos.

Una feria muy bien organizada, con un Comité editorial, liderado por Cecilia Ansaldo, que con rigor y mucho sentido común, logró estructurar una programación solvente, atractiva y pensando en la diversidad de un público lector amplio y plural. Una FIL con un gran cable a tierra. Sin aspavientos, austera y, sobre todo, digna.  Los escritores participantes terminaron contentos, los libreros y editores al fin tuvieron un respiro, y los lectores se marcharon felices con sus libros bajo el brazo.  La FIL cumplió sus objetivos y desde ya, como debe ser, preparan la edición del próximo año.

En la FIL de Guayaquil se entregó también el Premio Miguel Donoso Pareja para novela corta que concede, en metálico, 10 mil dólares. El ganador de este año fue el escritor guayaquileño, residente en Quito, Eduardo Varas. Un premio necesario para estimular a nuestros escritores y que honra al recordado y querido Donoso Pareja.   

Una FIL que, como bien señala Tatiana Landín, integrante del Comié editorial, debe formar parte de un conjunto de acciones para el fomento del libro y la lectura: “En un país tan desigual como el nuestro, aceder a espacios de lectura es un privilegio.” Y en la creación de ese conjunto de acciones no hemos avanzado nada. Y son las iniciativas privadas las que, con pasión y entrega, generan espacios creativos para acercar el libro a nuestros niños. De la misma manera que las pequeñas  editoriales independientes, como se vio en esta FIL, son las que nos proponen novedades, nuevos autores y otras formas, colaborativas, de circulación y distribución.

Una FIL cada vez más necesaria frente al nulo apoyo del Estado y la ausencia de mínimas líneas de política pública para fomentar el libro y la lectura.  El gobierno del Ecuador, a diferencia de otros países, no concedió la mas mínima ayuda al sector editorial -y cultural- que hubiera permitido aliviar en algo el duro impacto de la pandemia.  De ahí que el apoyo financiero del Municipio de Guayaquil, en las siete ediciones, es muy importante y revela su interés por mantener vivo un espacio imprescindible para conectar a la ciudadanía con el libro.  ¿Y el Ministerio de Cultura?, pregunté a un librero. “Mejor que no esté,” fue su contundente respuesta.

Pero en verdad el Ministerio de Cultura debería estar. Es su obligación y su responsabilidad. Pero eso ya poco importa, mas aún  con el rotundo fracaso  del Plan nacional del libro y la lectura. Que ya ni gerente tiene. Tampoco importa, porque en diciembre pasará a ser una dirección mas del cuestionado -ilegal e inconstitucional- Instituto de Fomento y creatividad, IFCI, según afirmó la ministra María Elena Machuca. 

A propósito, el Ministerio anunció que ya arrancó la Encuesta de hábitos lectores, prácticas y consumos culturales. Esta encuesta permitirá, al fin, contar con indicadores confiables respecto a la lectura en el país.  Encuesta que fue anunciada por todos los anteriores Ministros de Cultura de Moreno y los gerentes del Plan del libro. Y ninguno cumplió.  Confiemos en que ahora si, el país pueda contar con esta información que es sustancial para al menos establecer una línea base para, ojalá, generar políticas públicas, eficaces, de fomento al sector editorial y lector del país.

Ahora esperamos la Feria Internacional del libro de Quito, que debería realizarse en noviembre. Pero  estamos ya a finales de septiembre y ni siquiera se la anunciado.    Ojalá Quito, luego de 13 años, no se vuelva a quedar sin Feria del libro.

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