lunes, octubre 26, 2026
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Natalia Cassis rompe el molde y pone a bailar sus emociones con Metamorfosis

Natalia se encuentra en plena promoción de uno de sus temas recogidos en su primer EP. Foto: Cortesía

La cantante guayaquileña, de 25 años, se aventura por nueve géneros musicales en su primer EP como solista. Tras años de interpretar canciones ajenas, enfrentar inseguridades y conquistar escenarios, apuesta por cinco temas propios que mezclan ritmo, sensualidad, desamor y amor propio.

¡Se acabaron las etiquetas musicales! Natalia Cassis decidió sacudir su carrera artística con Metamorfosis, su primer EP como solista, una producción de cinco canciones en la que se atreve a mezclar pop, funk, jazz, reguetón, reggae, rock, afrobeat, bolero y música electrónica. A sus 25 años, la cantante ecuatoriana busca conquistar al público con una propuesta que cambia de ritmo sin perder su esencia.

La artista guayaquileña estrenó el jueves 22 de octubre el videoclip de Luna Llena, la canción protagonista de su nuevo trabajo discográfico. Con una propuesta visual que acompaña su transformación, el lanzamiento aborda la sensualidad femenina, la libertad de expresión y la reconciliación con el propio cuerpo, temas que atraviesan esta nueva etapa de su carrera.

Detrás de la imagen de una intérprete segura, elegante y dispuesta a experimentar se esconde una historia de desafíos personales. En entrevista con Periodismo Público, Cassis reveló que necesitó aproximadamente un año y medio de terapia para enfrentar inseguridades relacionadas con su apariencia física, experiencias de acoso escolar y pensamientos que durante años afectaron su autoestima.

Pero su historia no se limita a las dificultades. Natalia también tiene motivos para celebrar: pasó de cantar versiones de éxitos internacionales a escribir su propio repertorio, compartió escenario con la venezolana Elena Rose y consiguió financiamiento para desarrollar su proyecto musical tras resultar seleccionada en una convocatoria pública en la que participaron alrededor de 200 postulantes y fueron escogidos 20, según relató.

La cantante pretende que su música sea una experiencia impredecible. Una melodía puede comenzar con la elegancia del jazz, coquetear con el funk y terminar contagiada por el reguetón. Esa combinación, que para algunos podría parecer una apuesta comercial arriesgada, representa precisamente el sello con el que quiere distinguirse dentro de la escena musical ecuatoriana.

«En un mundo en que todo es igual, todo es copy paste, todo el mundo hace lo mismo para pegar desesperadamente. Yo digo, no puedo ser una más», expresó la artista, convencida de que experimentar con sonidos diferentes puede convertirse en su principal carta de presentación.

Luna Llena concentra buena parte de esa filosofía. La canción representa el instante en que una mujer deja de esconder sus inseguridades y comienza a sentirse cómoda consigo misma. El videoclip, que acompaña este mensaje de libertad, ha provocado una respuesta particular entre sus seguidores, quienes incluso le envían fotografías de la luna para demostrarle su conexión con el tema.

Aunque reconoce que el video todavía no registra una viralidad extraordinaria, Cassis celebra los comentarios y mensajes recibidos. Para ella, el verdadero triunfo está en que una canción creada desde experiencias personales consiga despertar emociones en desconocidos y establecer una relación más cercana con quienes escuchan su música.

El EP también incluye Carrusel, una composición que reúne influencias del pop, funk, jazz, reguetón y R&B. Lanzada como primer adelanto del proyecto, la canción permitió conocer el espíritu inquieto de Natalia, quien trabajó junto al productor Santiago Chiriboga para transformar una idea musical inicial en una propuesta de múltiples matices.

Otro de los temas es ¿Qué vas a hacer?, una mezcla de reggae, rock y pop que retrata el desgaste de una relación sentimental. La canción, estrenada como sencillo el 27 de mayo de 2026, plantea las emociones que aparecen cuando una historia amorosa está llegando a su final y sus protagonistas deben enfrentar la despedida.

Curiosamente, esta última pieza nació en apenas diez minutos, una velocidad que todavía sorprende a su creadora. Natalia recuerda que las palabras y melodías aparecieron casi espontáneamente, mientras que otras composiciones, como Luna Llena, necesitaron numerosos ajustes antes de alcanzar el resultado que buscaba.

El repertorio también incorpora Impostora, una de las canciones más íntimas de la producción. Lejos de hablar de una rival externa, Natalia dirige sus cuestionamientos hacia sí misma y confronta aquella versión suya que soñaba con la fama, pero encontraba excusas para postergar el trabajo necesario para construir una carrera artística.

La intérprete admite que durante mucho tiempo imaginó una trayectoria comparable con la de Beyoncé, cantando ante estadios repletos. Sin embargo, aquella fantasía chocaba con una realidad incómoda: tenía talento, preparación y ambiciones, pero todavía no había desarrollado el proyecto musical propio que tanto deseaba.

De los musicales a cantar junto a Elena Rose

La historia artística de Natalia comenzó mucho antes de Metamorfosis. Desde niña encontró en el escenario un espacio para expresarse. A los diez años se vinculó con el teatro musical y, desde los once, fue construyendo una relación cada vez más estrecha con el canto, una pasión que terminaría convirtiéndose en su profesión.

Su formación escénica incluyó participaciones en montajes de La novicia rebelde, Shrek y Chicago, bajo la dirección de José Miguel Salem. Aquellas experiencias le permitieron desarrollar habilidades interpretativas y acercarse a una disciplina que combina actuación, música y movimiento.

Con el paso de los años, la joven empezó a buscar nuevos horizontes. Dejó Guayaquil y se trasladó a Quito para estudiar Música en la Universidad San Francisco de Quito, donde también cursó una subespecialización en Music Business, formación que le permitió comprender el funcionamiento comercial de la industria musical.

Antes de lanzarse de lleno a sus propias composiciones, Natalia acumuló experiencia interpretando covers. Desde los 18 años cantaba temas de otros artistas, entre ellos clásicos como I Will Survive, de Gloria Gaynor. Sin embargo, comenzó a preguntarse qué podía ofrecer que la diferenciara de otras voces capaces de interpretar esas mismas canciones.

Su trayectoria discográfica tampoco comenzó de cero en 2026. En 2020 presentó trabajos como Mi Alma y No me llames, mientras que entre sus antecedentes también figura una colaboración en Sometimes, de Riaga, publicada en 2019. Estas grabaciones forman parte de las primeras experiencias que precedieron a su actual propuesta como solista.

Uno de los episodios más emocionantes de su recorrido ocurrió cuando tuvo la oportunidad de compartir escenario con Elena Rose, cantante y compositora venezolana a quien admiraba desde 2020. El encuentro se produjo durante una presentación de la artista internacional en Ecuador y terminó convirtiéndose en un impulso para sus aspiraciones musicales.

La historia tuvo ingredientes de película. Natalia consiguió asistir a una prueba de sonido, manifestó su deseo de cantar con Elena Rose y posteriormente acudió al concierto con un cartel para solicitar una oportunidad. Su insistencia dio resultado cuando la venezolana la invitó a interpretar Orión frente al público.

Al terminar aquella interpretación, Elena Rose pidió respaldar a los nuevos talentos ecuatorianos, un gesto que emocionó a Cassis y dio mayor visibilidad a su trabajo. Para la joven, el encuentro representó mucho más que compartir unos minutos con una figura internacional: fue una señal de que sus sueños podían comenzar a materializarse.

Esa exposición se sumó a otro acontecimiento inesperado en redes sociales. Un video de Natalia alcanzó aproximadamente un millón de visualizaciones y generó mensajes de músicos y seguidores de países como Colombia y México, quienes la animaban a dejar de interpretar únicamente canciones de otros artistas y presentar sus propias creaciones.

«Me decían: ‘Por favor, haz tu música'», recordó durante la entrevista. Aquellas palabras reforzaron una inquietud que llevaba tiempo creciendo en su interior: quería que el público la reconociera no solamente por su voz, sino también por sus ideas, sus composiciones y su identidad artística.

No obstante, dar el salto hacia un proyecto propio también le provocó temor. Natalia confesó que, mientras terminaba sus estudios musicales, llegó a considerar la posibilidad de dedicarse nuevamente al teatro musical para evitar enfrentarse a la incertidumbre de desarrollar una carrera como cantante y compositora.

En ese proceso resultó determinante el acompañamiento de su pareja, quien también participa en la producción de sus canciones. Una conversación particularmente emotiva, en la que Natalia reconoció sentirse vacía pese a tener objetivos artísticos, marcó el momento en que decidió comprometerse seriamente con la música que quería crear.

Su equipo de producción está integrado por Santo Boga, nombre artístico de Santiago Chiriboga, y Rolo, Andrés Rolando, vinculado a Honduras. Ambos han acompañado la construcción musical de esta etapa, caracterizada por la experimentación y la búsqueda de una sonoridad que escape de las fórmulas convencionales.

Entre espejos, lágrimas y ritmos que rompen esquemas

La transformación más profunda de Natalia, sin embargo, no ocurrió dentro de un estudio de grabación. La artista contó que durante su infancia sufrió burlas relacionadas con su apariencia física y que creció en un entorno familiar donde existían dificultades asociadas al peso corporal y la alimentación.

Su traslado a Quito también representó un desafío emocional. Durante su etapa universitaria experimentó cambios de peso y molestias físicas, situaciones que intensificaron las dificultades que ya tenía para aceptar su imagen. En ocasiones, enfrentarse al espejo se convirtió en una experiencia especialmente dolorosa.

«Me acuerdo llorar frente al espejo, chillar y decir: ¿por qué no me puedo ver y amarme?», relató. La confesión revela una faceta de la artista alejada del brillo de los escenarios y de las fotografías promocionales, donde la confianza suele parecer tan natural como una sonrisa frente a las cámaras.

No obstante, dar el salto hacia un proyecto propio también le provocó temor. Natalia confesó que, mientras terminaba sus estudios musicales, llegó a considerar la posibilidad de dedicarse nuevamente al teatro musical para evitar enfrentarse a la incertidumbre de desarrollar una carrera como cantante y compositora.

En ese proceso resultó determinante el acompañamiento de su pareja, quien también participa en la producción de sus canciones. Una conversación particularmente emotiva, en la que Natalia reconoció sentirse vacía pese a tener objetivos artísticos, marcó el momento en que decidió comprometerse seriamente con la música que quería crear.

Su equipo de producción está integrado por Santo Boga, nombre artístico de Santiago Chiriboga, y Rolo, Andrés Rolando, vinculado a Honduras. Ambos han acompañado la construcción musical de esta etapa, caracterizada por la experimentación y la búsqueda de una sonoridad que escape de las fórmulas convencionales.

Entre espejos, lágrimas y ritmos que rompen esquemas

La transformación más profunda de Natalia, sin embargo, no ocurrió dentro de un estudio de grabación. La artista contó que durante su infancia sufrió burlas relacionadas con su apariencia física y que creció en un entorno familiar donde existían dificultades asociadas al peso corporal y la alimentación.

Su traslado a Quito también representó un desafío emocional. Durante su etapa universitaria experimentó cambios de peso y molestias físicas, situaciones que intensificaron las dificultades que ya tenía para aceptar su imagen. En ocasiones, enfrentarse al espejo se convirtió en una experiencia especialmente dolorosa.

«Me acuerdo llorar frente al espejo, chillar y decir: ¿por qué no me puedo ver y amarme?», relató. La confesión revela una faceta de la artista alejada del brillo de los escenarios y de las fotografías promocionales, donde la confianza suele parecer tan natural como una sonrisa frente a las cámaras.

La terapia le permitió comenzar a transformar aquella relación consigo misma. Cassis explicó que uno de los mayores desafíos fue dejar de hablarse negativamente, reconocer sus avances y entender que cuidarse no debía responder únicamente a exigencias estéticas, sino también a su bienestar físico y emocional.

Aunque reconoce que todavía atraviesa días complicados, asegura haber conseguido herramientas para sobrellevarlos. De esa experiencia nació buena parte del concepto de Metamorfosis, un proyecto que convierte las contradicciones personales, los cambios de ánimo y las heridas emocionales en materia prima para sus canciones.

Su proceso creativo es tan variado como su repertorio. Natalia utiliza conocimientos básicos de piano, guitarra y ukelele para construir melodías, aunque también recurre a bases instrumentales disponibles en YouTube cuando necesita explorar otros ritmos. En ocasiones, cuatro acordes bastan para poner en marcha una nueva composición.

Sobre la inteligencia artificial, la cantante aclaró que no la utiliza para generar sus canciones. Reconoció haber consultado alguna vez a ChatGPT en busca de ideas, pero insistió en que prefiere escribir personalmente las letras y construir sus melodías a partir de sus propias vivencias e inquietudes.

Su ambición artística va más allá de grabar canciones pegajosas. Natalia admira a figuras como Michael Jackson y Beyoncé por su capacidad para construir espectáculos e identidades reconocibles. Ella también aspira a desarrollar propuestas escénicas conceptuales y, eventualmente, incorporar con mayor fuerza la danza, disciplina que practicó desde pequeña.

No obstante, sabe que experimentar demasiado también implica riesgos. Por eso, considera que Metamorfosis funciona como una carta de presentación que le permitirá descubrir cuáles de sus múltiples influencias pueden convertirse en un sonido más definido para sus próximos lanzamientos, sin renunciar a las fusiones musicales.

El financiamiento obtenido a través de la convocatoria del Instituto de Fomento de las Artes, Innovación y Creatividades constituyó otro respaldo importante. Según explicó, el fondo económico permitió impulsar la producción de este trabajo, un apoyo especialmente significativo para una artista independiente que busca abrirse espacio en un mercado competitivo.

Actualmente, las canciones de Natalia Cassis pueden encontrarse en plataformas digitales como Spotify, Apple Music, YouTube y Deezer. Quienes quieran descubrir su universo musical pueden buscar Metamorfosis junto a su nombre artístico o seguirla en Instagram, TikTok y YouTube mediante la cuenta @soynataliacassis, donde comparte novedades de sus lanzamientos.

Entre melodías románticas, sonidos atrevidos, desamores y confesiones íntimas, Natalia quiere dejar un mensaje que trascienda las pistas de baile. «Se vale tener muchos colores. Se vale un día estar bien, al otro estar mal», afirmó. Así, mientras busca conquistar nuevos públicos, la cantante guayaquileña parece haber encontrado una de las claves de su propia fama: no necesita parecerse a nadie para comenzar a brillar. (I)

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