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Por las buenas, o por las malas

Por las buenas, o por las malas
Por: Javier Cevallos

En un abrir y cerrar de ojos llegamos al segundo mes del 2021.

Los resultados de los festejos de Navidad y fin de año del 2020 se palpan en los datos que revelan las autoridades respecto a la ocupación -ya al tope- de las áreas de hospitalización y unidad de cuidados intensivos e intermedios de los hospitales públicos e inclusive privados que atienden casos covid-19.

Molesta ver el quemeimportismo de jóvenes y adultos quienes sin ningún tipo de precaución dan cabida al desaforado jolgorio de la fiesta, el relajo y la bebedera.

Da bronca este tipo de comportamientos porque no tenemos certezas del día en que podamos retornar a la normalidad y peor si la vacunación planificada desde el gobierno nos dará al menos un alivio para poder trabajar y relacionarnos con un poco más de tranquilidad sin la sicosis de retornar a casa pensando que podemos ser foco de contagio para nuestros más cercanos.

¡Créanme! Le he dado vueltas a mi cabeza pensando en cuál sería el mejor castigo o sanción para los organizadores y asistentes a fiestas clandestinas o reuniones públicas masivas que las autoridades han suspendido en plena pandemia en estos últimos días.

¿Será acaso que los ecuatorianos estamos perdiendo cada vez más la capacidad de asombro o de reacción ante toda situación que nos pueda poner en peligro?

Me pregunto esto porque es sorprendente que, pese a las advertencias de las autoridades, de los especialistas en epidemiología y académicos sobre la circulación comunitaria de una cepa del SARS-CoV-2 más contagiosa, ciertos ciudadanos ni se inmutan y caen en una desobediencia tal que hace creer a las autoridades que su trabajo se guarda en saco roto.

¡Por las buenas, o por las malas! Seguramente me saltarán al cuello los defensores de derechos humanos si propongo, por ejemplo, que a los organizadores y asistentes a fiestas no autorizadas los pongan a realizar – en clínicas y hospitales- tareas de apoyo al personal de limpieza. ¿Será que, con la amenaza real a un contagio, toman conciencia?

Pensé tal vez que les podrían dar charlas donde escuchen el calvario de quienes superaron al covid, lo que significó para sus familias estar contagiados o perder un ser querido y el impacto que esta enfermedad representó en su economía familiar…

Se vienen elecciones y el feriado de carnaval, la amenaza sigue viva. ¡De la aplicación de la vacuna hay más desconfianza que certeza! Está en nosotros cuidarnos, en nadie más. ¡Hagamos caso de lo que nos dicen! ¿Es tan difícil? (O)

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