viernes, abril 10, 2026
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El desafío de la longevidad saludable transformó la visión de la medicina preventiva

El mundo atraviesa un cambio demográfico sin precedentes donde las personas vivirán más años que cualquier generación anterior. Esta realidad planteó que el gran desafío actual ya no es únicamente prolongar la existencia, sino garantizar que esos años adicionales se vivan con salud, funcionalidad y bienestar.

En la ciudad de Quito se llevó a cabo un conversatorio especializado sobre longevidad saludable y medicina preventiva. El encuentro contó con la participación del médico español Ángel Durántez, especialista en medicina preventiva proactiva y una de las voces influyentes en Age Management Medicine.

Durante el evento se analizaron los datos globales que reflejan la magnitud de este cambio en la estructura poblacional. La esperanza de vida a nivel mundial pasó de 46 años en 1950 a más de 73 años en la actualidad, según registros de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Naciones Unidas.

Las proyecciones para el año 2050 indicaron que el número de personas mayores de 60 años se duplicará en el planeta. Se estimó que esta población pasará de 1.000 millones a más de 2.100 millones de individuos en todo el mundo.

Actualmente existen más de 570.000 personas centenarias a nivel global. No obstante, las previsiones de Naciones Unidas señalaron que esta cifra superará los 3,7 millones para mediados de este siglo.

La brecha entre los años de vida y los años de salud

En Ecuador, las estadísticas del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) han mostrado una tendencia similar de envejecimiento poblacional. Según el último censo, la estructura de la pirámide poblacional ecuatoriana se ha estrechado en su base, aumentando la proporción de adultos mayores en provincias como Pichincha y Azuay.

Por su parte, el Ministerio de Salud Pública ha enfocado sus esfuerzos en el control de enfermedades no transmisibles. Los datos oficiales del país concuerdan con la tendencia global donde las enfermedades crónicas representan la mayor carga de morbilidad en la población que supera los 60 años.

Durante el foro, se subrayó que el desafío principal sigue siendo la calidad de vida de las personas. En promedio, los seres humanos pasan casi 10 años con enfermedades o limitaciones físicas antes de fallecer.

Más del 70 % de las muertes a nivel mundial están vinculadas a enfermedades crónicas no transmisibles asociadas al proceso de envejecimiento. Ante esto, los especialistas enfatizaron la necesidad de evolucionar de una medicina reactiva a una preventiva.

Ángel Durántez señaló que la discusión ya no debe centrarse en cuánto tiempo se va a vivir, sino en cómo se vivirán esos años adicionales. El experto destacó la diferencia fundamental entre el «lifespan» (años de vida totales) y el «healthspan» (años vividos en buena salud).

Se explicó que extender la vida cronológica sin asegurar un bienestar físico y emocional genera tensiones profundas. Estas afectaciones no solo recaen en las personas y sus familias, sino que también impactan la sostenibilidad de los sistemas de salud pública.

Muchos de los padecimientos crónicos vinculados a la vejez comienzan a desarrollarse de manera silenciosa mucho antes. Se identificó que procesos degenerativos pueden iniciarse entre los 35 y 45 años de edad.

Por esta razón, la prevención temprana fue señalada como la herramienta clave para preservar la autonomía durante la vejez. El cuidado integral, que abarca tanto lo físico como lo mental, resultó ser el pilar para mantener la funcionalidad en edades avanzadas.

Entre los pilares fundamentales para un envejecimiento saludable se destacó la actividad física regular. Este factor fue considerado como uno de los más influyentes para garantizar el bienestar emocional y cognitivo del individuo.

Asimismo, se discutió la importancia del descanso y la calidad del sueño. Estos elementos se calificaron como fundamentales para lograr una recuperación física y mental adecuada en el día a día.

La actitud mental y el optimismo también formaron parte del análisis científico. La evidencia presentada vinculó estos estados psicológicos con una mayor longevidad y una mejor respuesta del organismo ante el paso del tiempo.

Finalmente, se dio especial relevancia a la conexión social y la vida en comunidad. Mantener vínculos afectivos activos es un factor determinante para evitar el aislamiento y fortalecer el bienestar psicológico en la edad adulta.

El encuentro concluyó que la longevidad representa un desafío estratégico que obliga a replantear el rol de la medicina tradicional. Se propuso que el objetivo principal debe ser acompañar a las personas hacia un alto desempeño y autonomía.

La transición hacia este nuevo paradigma exige fortalecer la educación en salud de la población. Solo mediante la anticipación al riesgo y la prevención se podrá enfrentar el cambio demográfico que ya es una realidad en 2026. (I)

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