martes, septiembre 8, 2026
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Fundación TASE busca reducir en un 45% el impacto del Alzheimer mediante la prevención

Caminata efectuada en ediciones anteriores. Foto: TASE

Ecuador registró estimaciones de más de 100 000 personas con algún tipo de demencia. La falta de datos oficiales en el país representó un desafío clave para el diagnóstico oportuno en el sistema público.

La Fundación TASE presentó su iniciativa nacional orientada a cambiar el enfoque del diagnóstico tardío hacia la prevención activa. La estrategia buscó visibilizar la salud cerebral como una prioridad de salud pública.

La iniciativa se fundamentó en la evidencia científica de la Comisión Lancet sobre factores de riesgo modificables. Dichos factores incluyeron la hipertensión, la diabetes, la obesidad y la inactividad física.

El tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol, el colesterol elevado y la depresión también figuraron en la lista de riesgos. A estos se sumaron el aislamiento social, la baja escolaridad, la contaminación ambiental, las lesiones cerebrales y la pérdida auditiva o visual.

Cristina Calderón, directora y vocera de la Fundación TASE, explicó los alcances de la iniciativa. «Sabemos que el envejecimiento de la población traerá consigo un incremento en los casos de demencia, pero también sabemos que hoy existe evidencia científica que demuestra que una parte importante de estos casos puede prevenirse o retrasarse», afirmó Calderón.

La directora subrayó la importancia de asumir el cuidado cerebral desde edades tempranas. La responsabilidad del cuidado involucró tanto a las familias como a las instituciones.

El impacto económico de la enfermedad afectó de forma directa a los hogares ecuatorianos. Un presupuesto de entre 800 y 1000 dólares mensuales constituyó el gasto promedio mínimo para atender a un paciente con Alzheimer.

La necesidad de un cuidador especializado representó uno de los costos más elevados para el núcleo familiar. Quienes no dispusieron de recursos financieros debieron abandonar sus actividades laborales para asumir el cuidado directo.

Las medicinas, los artículos de higiene y la alimentación especial incrementaron el gasto continuo del hogar. El deterioro progresivo del paciente demandó mayores recursos a medida que la enfermedad avanzó.

Acciones de concientización y prevención

La pérdida de memoria recurrente constituyó la primera señal de alerta de la patología. Las desorientaciones temporales y los cambios repentinos de conducta indicaron la presencia del trastorno cognitivo.

Las alteraciones erráticas en el comportamiento diario alertaron a los familiares sobre el deterioro neurológico. Las consultas médicas oportunas permitieron descartar otras afecciones asociadas al estrés o a la depresión.

Los especialistas neurológicos aplicaron evaluaciones conversacionales y pruebas neuropsicológicas para determinar la patología. Las resonancias magnéticas complementaron el diagnóstico para ubicar el área cerebral afectada.

La detección temprana facilitó el inicio de terapias no farmacológicas para mantener activo el cerebro. Las intervenciones tempranas contribuyeron a frenar la velocidad del avance degenerativo.

El perfil demográfico reflejó una mayor prevalencia de la enfermedad en el género femenino. Las mujeres registraron una mayor expectativa de vida, lo cual incrementó su probabilidad de padecer la condición.

El componente hereditario representó apenas el 1% de la probabilidad total de contraer la patología. El control de los hábitos cotidianos pesó más que el antecedente genético en la prevención efectiva.

Cobertura y alcance comunitario

Las actividades masivas de concienciación incluyeron caminatas y brigadas comunitarias en varias provincias. Las movilizaciones se desplegaron en Cuenca, Quito, Galápagos, Guayaquil, Loja y Guaranda.

La movilización nacional llevó como lema principal «Que el Alzheimer no nos detenga». La totalidad de las jornadas se planificó de forma gratuita y abierta a todo público.

La organización dictó talleres formativos dirigidos a más de 80 000 estudiantes en centros educativos. La instrucción juvenil buscó eliminar los mitos sobre la pérdida de memoria en la vejez.

El podcast «El amor no se borra» funcionó como una plataforma de apoyo e información constante para las familias. La producción de documentales y guías gratuitas reforzó el acompañamiento a los cuidadores.

La red de apoyo incluyó centros terapéuticos y espacios de contención emocional para los familiares. El intercambio de experiencias en grupos de ayuda disminuyó el desgaste psicológico de las familias.

La Fundación TASE mantuvo su labor continua durante 15 años en el Ecuador. La labor institucional apuntó a construir un entorno informado para atender la creciente demanda de salud cerebral. (I)

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