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Mujeres “bonitas” a las calles…

Nelly Valbuena Bedoya

Comunicadora social y periodista. Diplomada en derechos humanos de las mujeres. Especialista en DDHH y mundo global. Master en periodismo. Docente e investigadora universitaria. Sobreviviente cáncer de mama.

El 25 de noviembre es el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, una fecha que, junto al 8 de marzo, tiene en su origen hechos trágicos que buscan que estados, sociedad y medios de comunicación contribuyan a poner fin a la violencia de género.

Muchas mujeres que salieron a las calles lo hicieron, por ejemplo, tras las masacres de obreras, el 25 de marzo de 1911 y persecuciones por oponerse al poder autoritario, caso hermanas Mirabal. Ellas pusieron cuerpos y vidas para que hoy tengamos la posibilidad de estudiar, trabajar, reclamar, elegir y ser elegidas, “decidir sobre nuestros cuerpos” y ocupar los espacios públicos. Es decir, la conquista de los derechos de las mujeres implicó e implica todavía muchas vidas sacrificadas y muchos señalamientos.

Los registros históricos, la mayoría de las veces, no recogen estas marchas. Los medios por su parte, jugaron un papel de silenciamiento o estigmatización. Una práctica que no es nueva y que persiste en algunos espacios y sectores. Las mujeres que se manifiestan son señaladas, cuestionadas e incluso penalizadas, pues se espera que nos portemos bien, no gritemos, no exijamos, no alborotemos la tranquilidad en las ciudades y sobretodo no toquemos los monumentos. Durante años los medios de comunicación registraron las protestas de las mujeres bajo el estigma. En algo han cambiado las cosas, pero falta mucho.

El Diario ABC de España registró así una huelga feminista en mayo de 1868:

Un “famoso periodista madrileño contaba con sarcasmo (y no menos machismo) la ‘útil receta’ empleada por un importante empresario para ‘apaciguar’ un motín de cigarreras que pedían justicia. Según su relato, el directivo dijo: – “¡Vaya a decirles que estoy dispuesto a recibirlas! Pero como no es posible que quepan todas en mi despacho, deben elegir a las tres más viejas y más feas”. ‘A estas horas aún no han entrado ninguna’, apostillaba el periodista Julio Nombela”.

La nota rescatada por el historiador y periodista Israel Viana cuenta que las primeras huelgas feministas en la prensa fueron tratadas sin precisión, mostrando a las mujeres como feas y vándalas. Mientras las autoridades eran las encargadas de “sofocar el alboroto” llevándolas a prisión. 

Tres movilizaciones de mujeres, en Francia, Rusia y Ecuador, ponen de manifiesto el lento avance de la historia y desde luego de los medios en el registro de estos temas.

Olimpia de Gouges, feminista, intelectual, escritora, guionista para teatro, abolicionista de la esclavitud, activista de la Revolución lideró una masiva movilización de más de diez mil mujeres, en el París de 1789. Ella, con otras revolucionarias, entregó a la Asamblea Nacional la primera “Declaración de Derechos de la Mujer y la Ciudadana”. Ese hecho la condujo a la guillotina tras ser acusada de ‘traición a la Revolución’, por los hombres de la Revolución Francesa, a los que ella y miles de mujeres ayudaron a instalarse en el poder.

En “Re/construyendo historias de mujeres ecuatorianas”, Ana María Goetschel, recoge para el segmento ‘Mujeres en la colonia’ la movilización social de un grupo de mujeres, que fueron sancionadas en sus cuerpos y exhibidas a la sociedad como forma de control y disciplina.

“En 1780 en la ciudad de Baños se amotinaron las mujeres, quienes, armadas con palos y piedras, se rebelaron contra la imposición del estanco de aguardiente. Después del levantamiento, la sentencia del Visitador Solano de Salas fue que “a Martina Gomes por la convocatoria que hizo tocando arrebato a doscientos azotes, a Juana Sánchez, Andrea Velastiguí, en cien azotes cada una, a Manuela López y Balentina Balseca, a cincuenta azotes; las tres primeras que se les darán por las calles acostumbradas por el berdugo, y mando le rapen la cabeza y cejas a la primera para escarmiento”.

El 8 de marzo de 1917, en Rusia, ciento treinta mil obreras se movilizaron por las calles de Petrogrado, al grito de “¡Pan y arenques!”. Esa movilización de proletarias –que, más tarde, su principal beneficiario, el bolchevismo, se encargó de borrarle su acento femenino, exclusivamente centrándola en la lucha de clases-; contribuyó, junto a otras movilizaciones de mujeres, a desatar el fin del zarismo.

Nadezhda Krupskaya del partido bolchevique lideró esa movilización. Sin embargo y pese a su importancia en la historia rusa, su nombre estuvo anclado a “la esposa de Lenin”.

Mujeres en la historia… mujeres en las calles… callejeras, que van de boca en boca, consideradas como esposas, hijas, madres de algún hombre importante. Otras, las que no están asociadas a una figura masculina son tildadas como “fáciles”, que se meten en temas que no les corresponden y que invaden el espacio público. Mujeres históricamente no visibles ni determinantes como fuentes para los medios y, por consiguiente, mujeres que no se dedican a las tareas naturales, es decir a las que la sociedad les asignó. Mujeres trasgresoras de todos los tiempos que emprendieron el camino, en las calles, por los derechos de todas.

Queda claro, las mujeres movilizadas fueron perseguidas, violentadas o caricaturizadas. El llamado, este 25 de noviembre de 2020, a las calles tuvo, en “la nueva normalidad”, tras la pandemia del Covid-19, otras formas de cohabitar las vías y la ciudad, otros relatos y múltiples acciones de las mujeres, en las que son visibles transversalidades e intercepciones que incluyen no sólo a la violencia de género sino reclamos desde la etnia, la migración, la clase, el cuerpo y la sexualidad.

Coletazos

Esta semana en Ecuador el candidato presidencial Guillermo Lasso, por el Movimiento Creo, dijo que una «chica tiene que arreglarse bonito y, cuando esté bien vestida y bonita consigue novio». Comparación, patriarcal y machista que perpetua los roles y estereotipos de género. Según su planteamiento, la economía como una mujer, «bien arreglada» atraerá inversión extranjera. La presión de las redes sociales y seguramente el cálculo político lo llevó a poner un tuit, algo desabrido, para pedir perdón.

En un país donde los gobernantes agreden verbalmente a las mujeres y pocas veces se disculpan, es un paso, pero no suficiente pues el tema no puede quedarse en reconocer que sus palabras causaron “malestar en muchas mujeres” y más allá de manifestar humildad para aprender, debió comprometerse un poco más, pues en la opinión pública sus declaraciones se sumaron a la injerencia que ejerció sobre el Presidente Lenin Moreno para que vetara el Código Orgánico de Salud, COS. Un veto que afecta directamente avances en el derecho a la salud sexual y reproductiva de niñas, adolescentes y mujeres, entre otros temas.

¿Qué tenemos que esperar las mujeres si el señor Lasso llega a la Presidencia?

Mientras nos responde, las mujeres “bonitas” seguiremos disputando espacios, para nuestros derechos, para los derechos de todas, en las calles.

Nota: Apartes de este texto son de mi artículo… “Mujeres a las calles” publicado en el libro “Comunicación y ciudad: lenguajes, actores y relatos”.

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