viernes, marzo 5, 2021
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Las etiquetas nutricionales en los productos procesados

Pablo Cruz Molina

Chef, emprendedor gastronómico, consultor y docente, 26 años en la actividad profesional y 16 en la academia universitaria en Quito. Maestrías de especialidad: Recreación y Aprendizaje lúdico e Innovación en la gestión del patrimonio gastronómico, ponente en universidades internacionales.

Muchas veces al comprar alimentos procesados hemos visto el semáforo que alerta a los consumidores sobre la presencia de azúcar, sal y grasa. Estos tres elementos, si se consume en exceso, traen como consecuencia posibles enfermedades no transmisibles como la diabetes, la hipertensión, los niveles de colesterol alto, entre otras. La industria alimenticia conoce perfectamente que el ser humano puede hacerse adicto a estos tres sabores.

La primera evidencia de estas enfermedades está dada por el sobrepeso y peor aún por la obesidad. En el Ecuador los índices de incremento del sobrepeso están en números que despiertan cierta preocupación a la salud pública. Según datos publicados en el 2019 por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (INEC) un 35% de los niños entre 5 y 11 años presentan sobrepeso. Esto a su vez se suma a que al menos un 60% de esta población está en riesgo de contraer una obesidad que será detonante para las enfermedades antes anotadas.

A sí mismo el 67% de la población entiende perfectamente para que sirve el semáforo de advertencia pero cómo entender que los índices crezcan cada año.

El conocimiento es poder. El sistema educativo no enseña a profundidad que es lo sano y que no. He visto que en los programas escolares, el tema alimentación se topa muy superficialmente. 

En la escuela primaria se debería enseñar a leer y comprender  una etiqueta nutricional.

La industria alimenticia esconde con nombres engañosos o muy difíciles de pronunciar a elementos que en consumo excesivo causan daño a la salud. ¿Por qué lo hacen?  Por costos. Los sucedáneos o materias primas reemplazantes son más baratas y ayudan a la textura del producto.

Un ejemplo claro es la margarina que muchas personas la confunden con la mantequilla pero si se lee la etiqueta encontramos que es una grasa vegetal hidrogenada. Este último término tampoco dice mucho. Nadie sabe para qué sirve la hidrogenización de las grasas o qué consecuencias tiene.

Al inyectar una molécula de Hidrógeno a la estructura de la grasa vegetal,  satura los enlaces de Carbono. Si, se satura, se hace sólida. El aceite pasa a margarina o manteca vegetal  y cuando el organismo humano la ingiere tendrá complicaciones porque esta grasa saturada no se convierte en energía y es poco asimilable. No es alimento.

¿En dónde no más encontramos grasas vegetales hidrogenadas?: Helados, golosinas con sabor a chocolate, panes, cubos de concentrados de sabor y muchos alimentos procesados como los embutidos, queso crema, entre otros.

Les he dado un ejemplo para que seamos conscientes y leamos las etiquetas. Si hay un exceso de productos que no sabemos qué son; preferible no los consumamos. Las enfermedades no transmisibles son silenciosas pero muy fáciles de prevenir si usamos el conocimiento como poder. (O)

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