sábado, febrero 27, 2021
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El gran debate

Gabriel Galán

Licenciado en Ciencias Jurídicas y Abogado de las Cortes y Tribunales de Justicia por la PUCE. Especialista Superior en Tributación y Magister en Derecho con mención en Derecho Tributario por la Universidad Andina Simón Bolívar. Magister en Derecho Civil y Procesal Civil por la UTPL. Mediador acreditado (en Mediatores). 

En 2007 se estrenó la película “El gran debate”, que relata las travesías del profesor Mel Tolson y del equipo de debate del College Wiley de Texas, un colegio afroamericano en Estados Unidos de America de la década de los 30. Deja un mensaje conmovedor respecto del segregacionismo racial y la igualdad formal y, advierte la desavenencia entre el burdo legalismo -asentado en la imposición arbitraria de la regla de mayoría- y el legítimo ejercicio de la desobediencia civil, justificado en la defensa de los derechos fundamentales.

El Debate Presidencial 2021 trajo a mi memoria algunas escenas de la película; no en torno a la problemática de discriminación que muestra sino respecto del proceso de preparación del equipo de debate del College Wiley de Texas. Al parecer, ninguno de los candidatos presidenciales vio la película. Ésta, muestra tres atributos elementales de todo buen debatiente: conocimiento profundo sobre el tema a ser debatido, innegable habilidad como expositor y razonamiento pulcro, plagado de lógica, coherencia y contundencia. Caracteres ausentes, lamentablemente, en nuestros presidenciables.

En la película, el conocimiento devino de un proceso riguroso e integral de investigación, la habilidad comunicativa la obtuvieron tras duros ejercicios de dicción, entonación, respiración e impostación de voz y arduas jornadas de lectura que condujeron a los protagonistas a la corrección sintáctica y al manejo amplio y suficiente del vocabulario. Y, los razonamientos encontraron siempre sentido en valores y principios irrebatibles, como la dignidad humana. Nunca se trató solo de hablar -o de cantar- y menos aun de oponerse por el solo hecho de contradecir.

En nuestro país, el debate presidencial mostró una triste escena: los candidatos ridiculizaron el momento. Y si bien, hoy en día, un debate difícilmente iniclinará la aceptación mayoritaria hacia alguno de los postulantes (por ello un par inasistieron), lo ocurrido solo desnudó la incipiente faz de la política nacional, profundamente vaciada de gestos de confianza, maquillada de circo y tik tok, mal formada y carente de expresión. Mostró su rostro inerte. (O)

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